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La batalla del precio y el empleo

La inflación fue el principal factor de desgaste oficialista y el blanco preferido de las críticas de la oposición. Militar su control puede ser un campo activo de disputa.

Domingo 02 de Junio de 2013

El Gran Rosario fue uno de los pocos aglomerados en los que bajó el desempleo y creció el empleo al cabo de un trimestre en que los números nacionales, y especialmente los de algunos centros urbanos sensibles como el Gran Buenos Aires, se mostraron al alza. Es posible pensar que la región, que por su estructura económica suele se muy volátil y sensible a los ciclos económicos, haya reaccionado en este período a la actividad que produce el inicio de la cosecha de granos gruesos. Sobre todo cuando la base de comparación, el mismo período del año pasado, presentó una tasa de desocupación disparada hacia la zona de dos dígitos en el contexto de una sequía feroz.

La literatura sobre el efecto de la actividad agroindustrial en la actividad económica es nutrida, diversa y controversial. Mucha tinta se usó para sumar a esa polémica hipótesis, propuestas, ideas y también tonterías. Seguirá esa discusión pero es difícil negar que, con todo lo que pueda decirse, la liquidez del complejo manufacturero agropecuario pone un piso de desempeño al mercado en general.

Esta relación, ensombrecida en el análisis por las épicas nacidas de la pelea por la 125, tiene sin embargo un peso importante en el modelo que sostiene el andamiaje político y económico de la posconvertibilidad. En el empleo, eje del consumo doméstico, y en la liquidación de divisas de exportación, llave para esquivar la restricción externa, se basa este esquema de acumulación sobre el que giran los planes oficialistas y opositores. Es, hasta que alguien lo cambie, el activo a preservar de la última década. Como en 2007, cuando ganó su primera elección presidencial, es el aceite que lubrica la alianza que llevó a Cristina Fernández de Kirchner a la primera magistratura.

En el plano corto de la primera parte del año, condicionada por la presión de los dolarizadores, el freno económico y las profecías autocumplidas de recesión, el interior agroindustrial fue el encargado de llevar las buenas noticias. Un alivio para la presidenta, que probablemente esté esta semana en Puerto San Martín inaugurando una planta de fertilizantes, y que apuesta a llegar a las elecciones de octubre con la economía, ya no creciendo a tasas a chinas, pero sí en funcionamiento a base de la moderada recomposición de ingresos surgida de las paritarias, el aumento de la asignación universal y otras medidas que se avecinan dedicadas a moderar los efectos en las clases populares de otras definiciones políticas oficialistas, como la marcha atrás en la pesificación.

El interior, y dentro del mismo regiones como las que tienen a Rosario como cabecera, suelen anticipar ciclos que luego se nacionalizan. En medio de la fiesta del primer menemismo exhibió los primeros síntomas de desempleo, caída de la actividad y recesión. En 2002, primereó en los indicadores de recuperación poscrisis, mientras el pánico del dólar a diez pesos se agitaba en los canales de televisión porteños. Avisó primero del impacto de la crisis de 2009 en el empleo pero también mostró el camino de la recuperación que le permitió al gobierno nacional pasar de la derrota pos 125 al 54 por ciento de 2011. También fue la región que primero se acomodó a la pesificación, por ejemplo, de transacciones en el mercado de la construcción, hasta que la Nación capítulo frente a los propietarios de inmuebles como refugio de valor.

Son otros tiempos y otras escalas, pero es probable que los datos económicos y de empleo de Rosario anticipen el piso económico sobre el que se discutirá la agenda económica, y también la política, a medida que se acerquen las elecciones. El programa "Mirar para cuidar", que le pondrá un poco de militancia al descongelamiento administrado de los precios, es una rectificación del mal de origen del primer "acuerdo"con los súper: la deliberada ausencia de un plan de control. Aun así, el acuerdo de palabra de las cúpulas comerciales con el secretario Moreno, junto con la menor actividad económica, logró moderar el alza del precio de los bienes en los primeros cuatro meses del año. Descubriendo en su orfandad, de paso, la estrategia opositora y del gobierno provincial, de apostar a su fracaso. Como derivado, les garantizó a los pocos gremios que pactaron paritarias anticipadas, unos meses de colchón de mejoramiento del poder adquisitivo.

El compromiso en el control de precios, como se ha dicho, es la forma de evitar que las leves mejoras de ingresos populares a mitad de año, destinadas a reactivar la rueda del consumo, no queden en las góndolas y los bolsillos empresarios, y se transformen en dólares negros, cedines y otros activos especulativos. El plan lanzado desde la Casa Rosada es casi tan difuso como el anterior, pero del mismo modo ofrece la posibilidad de resignificarlo territorialmente. El gobernador Antonio Bonfatti ya lo calificó de ridículo, pero desde la Municipalidad de Rosario están esperando precisiones para trabajarlo.

La inflación fue el principal factor de desgaste oficialista y el blanco preferido de las críticas de la oposición. Militar su control se presenta como un campo activo de disputa política, así como una posibilidad de inserción territorial. Para las agrupaciones más cercanas a Cristina, una vía para replicar el modelo de desembarco territorial en La Plata tras las inundaciones. Sobre todo, cuando en la provincia de Santa Fe acaba de "descongelar" la integración de listas electorales del Frente para la Victoria catapultando al principal referente kirchnerista a un ministerio con escasa potencialidad política. Primo rengo, por si hacían faltan símbolos, del Ministerio de Seguridad, el área que el Estado nacional se reserva para actuar, no en Rosario por cierto, en el terreno en el que se incuba una potencial y peligrosa crisis de representatividad para el sistema político, el de la economía del crimen y sus sangrientas secuelas.

El "sistema" del peronismo provincial y el cristinismo asestaron un golpe al kirchnerismo local en virtud de una urgencia que no admite desde el punto de vista del oficialismo nacional el riesgo del doble estándard de voto que se dio en 2011: el comarcal, que castigó a los referentes provinciales kirchneristas por los aspectos menos valorados del "modelo" y el nacional, que aseguró la continuidad de ese "mismo modelo". En 2013 hay una sola bala electoral. Y la abducción de Rossi, disfrazada en una paradójica filípica contra los dirigentes que "no dan la cara por ella", cierra el círculo de la mítica pelea por la 125. Amnistiados los desertores de aquella pelea, se sepulta el contenido de un conflicto que ya había sido clausurado en lo económico. En estos tiempos en que devuelven las retenciones a los trigueros, Scioli podrá soportar los embates discursivos del gobierno nacional, con la tranquilidad de que, en definitiva, la política no paga a los leales.

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