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La "banda de los cerrajeros" se alzó con un grueso botín

Tres ladrones asaltaron a una mujer en su casa de Uruguay al 1700. El martes hicieron lo mismo a siete cuadras de allí. Entran con llaves o algo que permite girar la cerradura sin violentarlas.

Jueves 20 de Noviembre de 2014

"Entramos con la llave, no te vamos a lastimar, pero danos todo lo que te pedimos". A Susana, de 60 años, la situación le parecía una broma macabra. Estaba sola en la planta alta de su casa ubicada en Uruguay al 1700, en la zona sur de la ciudad, cuando de manera súbita, a las cinco de la tarde de ayer, tenía a tres extraños a su lado. Aunque no le esgrimieron ningún arma de fuego, los maleantes la convencieron de que debía hacerles caso. Para la mujer fueron veinte minutos infinitos al cabo de los cuales los hombres se fueron de la vivienda por la puerta, sin ser vistos por nadie, dejando a la dueña encerrada en el baño y llevándose una fuerte suma en dólares que no fue confirmada por la víctima pero que extraoficialmente se estimó en 100 mil dólares.

Lo llamativo del caso es que el martes a las 16 hubo un robo calcado a sólo siete cuadras de donde Susana fue asaltada ayer. Fue en Uruguay al 2500, en una casa donde también había una mujer sola a la que dejaron atada tras robarle dinero. La misma calle, el mismo horario, la misma situación y la misma cantidad de partícipes con 24 horas de diferencia. La policía le dijo a la damnificada saber quienes eran: un terceto de hombres jóvenes a los que dieron en llamar "La banda de los cerrajeros", porque su modalidad distintiva es ingresar a las casas usando llaves o algo que permite girar la cerradura sin violentarlas.

El caso de ayer en Uruguay al 1700 no se trató de una entradera en el sentido usual, en tanto no hubo irrupción violenta ni moradores forzados a ingresar desde la vereda. La casa donde vive la mujer asaltada tiene un portón de garaje al frente con una cerradura de doble paleta. Los intrusos usaron algún elemento para abrir sin forzar y pudieron pasar sin violencia. Subieron la escalera y le dijeron a la dueña de casa que no le harían daño pero que iban a matar al perro ovejero alemán de la familia si no lo encerraba.

La mujer llevó entonces al perro al baño, les entregó unos 5 mil pesos en efectivo que tenía y algunas alhajas. "Queremos los dólares. Hacé caso, no seas boluda que entramos con las llaves, sabemos todo", la amenazaron.

Los ladrones recorrieron el interior de la vivienda con seguridad y se quedaron un buen tiempo allí. El frente delantero de la casa ocupa unos quince metros y además del garaje hay otra puerta que corresponde a una segunda vivienda. Allí vive uno de los dos hijos de Susana que, según confió, no escuchó nada. Solamente advirtió algo anormal al percibir la voz de su madre, que empezó a gritar cuando notó que los delincuentes se habían ido dando un portazo. La habían dejado atada con un pañuelo.

"Me trataron bien, no fueron violentos. En algún momento que uno se puso nervioso yo le hablaba tratando de tranquilizarlo. Le decía «chicos si van a robar roben pero no maten»", comentó la mujer, que es esposa de un comerciante. Mientras tanto efectivos de la Policía de Investigaciones (PDI) recorrían la casa.

Discusión de método. La situación genera una controversia en la parte preventiva. Ocurre que la Fiscalía que actúa sobre casos de entradera conformó un protocolo para unificar los estándares de investigación de estos delitos. Ese protocolo exige que ante casos de entraderas se le dé comunicación inmediata a la PDI para intervenir. Eso hace, según detectaron en la PDI, que muchos robos contra la propiedad se califiquen preliminarmente como entraderas en las comisarías, dependencias que de ese modo de desprenden de trabajo que deben hacer.

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