Lunes 17 de Diciembre de 2012
El otro día leí un artículo que me ofreció una referencia que no tenía presente: el hecho de que Alexander Hamilton y James Madison (junto con John Jay los padres de la Constitución estadounidense) sugerían la utilización de la corporación de jueces como un freno al control que podían alcanzar las mayorías populares en el gobierno (Poder Ejecutivo) y el Congreso (Poder Legislativo), a través de asambleas populares. Sus manifestaciones son profundamente antidemocráticas y fuertemente aristocráticas u oligárquicas como se quiera llamarlas. La síntesis de este pensamiento es: “¡cuidado con el populacho envidioso! ¡Cuidado con la envidia igualitaria! Tenemos que protegernos de la minoría aristocrática de la sociedad, porque las pasiones de la mayoría nunca aceptarán que nosotros estamos donde estamos porque somos mejores y así es la ley de la vida.” Y para ello, porque a la “ley de la vida” hay que ayudarla, nada mejor que instalar un Poder Judicial que por su tipo de nombramiento y mandato se encuentren “demasiado lejos del pueblo para participar de sus simpatías”. ¿De verdad alguien quiere evitar que se disuelva toda la aristocracia y se pueda vivir en una comunidad donde ninguna parte de ella pueda presionar al resto?
DNI 24.820.496