Viernes 14 de Febrero de 2014
El alerta preventivo se ha convertido en un clásico de la información que emite el Servicio Meteorológico Nacional. Felizmente, para el sur de Santa Fe, generalmente esos alertas sólo han servido para asustar a la gente que no olvida la terrible granizada de 2006, sólo superada por la histórica de 1925. De todas maneras, como la meteorología no es una ciencia exacta, siempre hay que agradecer esos avisos y tomar todas las precauciones. Pero desgraciadamente en otras zonas las advertencias se tradujeron en la más cruda concreción. Fuertes lluvias, tornados, rayos, vientos huracanados y aludes, arrasaron árboles, galpones, molinos, torres de comunicaciones y energía eléctrica, carteles publicitarios, columnas, vidrieras y cableados telefónicos, de televisión y de suministro eléctrico. Pero lo que es más grave, produjeron numerosas pérdidas humanas. Ultimamente, estos meteoros que también destruyen puentes y convierten mansos arroyos serranos en torrentes peligrosos, se producen con preocupante frecuencia. Los entendidos en climatología atribuyen al calentamiento global, la tropicalización que está adquiriendo el clima en la Argentina. Y el calentamiento global es producto de la constante emisión de los gases contaminantes que hacen más grande el “efecto invernadero”. La deforestación también contribuye a agravar ese efecto ya que los árboles absorben dióxido de carbono, el famoso y temido CO2. Una de las consecuencias más peligrosas del calentamiento global es el derretimiento de los polos y glaciares. Según los especialistas, de continuar esa tendencia podrían inundarse poblaciones costeras por el incremento en la altura de los mares. Esas predicciones que parecen escapadas de una novela de terror, debieran despertar de una buena vez la conciencia ecológica de algunas potencias superindustriales que se hacen las distraídas en torno a la disminución de gases contaminantes. Quien no se distrae es la naturaleza que con frecuencia reacciona violentamente, a manera de un serio llamado de atención. En tanto, en nuestro país seguiremos acercándonos cada día más a la condición climática tropical; sin islas paradisíacas, pero con lluvias, calor y fuertes vientos, estados metereológicos adversos que comienzan a reiterarse en esta región de Sudamérica.
Edgardo Urraco