Miércoles 11 de Noviembre de 2015
Este comentario pretende ser absolutamente apolítico, no importa quien fue o es responsable de nuestra Nación fallida, sólo se describe qué pasó o qué pasa para tal injustificable situación. Considero una discusión bizantina analizar si es verdad que fracasamos como Nación porque unos pocos ejemplos son suficientes. Festejamos como épico poner en marcha un ferrocarril que une en seis horas las dos ciudades más importantes del país cuando hace un siglo con tecnología de la Revolución Industrial tardaba menos de 4 horas. El 30% o más de la población habita en cordones protourbanos sin las más elementales condiciones de estructura edilicia e infraestructura sanitaria o urbana cuando hace medio siglo prácticamente no existían estos asentamientos, sólo había barrios pobres pero no miserables. Los servicios públicos no se cortaban nunca. Todos, repito, todos los niños estudiaban en escuelas públicas que aún hoy algunas son majestuosos palacios en ruinas, siendo testimonio de la importancia suprema que se le daba a la educación pública, no de discurso, se pueden tocar con las manos; en contracara ahora tenemos escuelas rancho, algunas sin techo. La muestra más pintoresca pero no menos trágica, fue nuestro Parlamento aplaudiendo de pie que nos declarábamos insolventes, más fallida imposible. La pregunta es qué pasó, cuáles son las razones primigenias, pero no las de los Mitos de Cthulhu, que desencadenaron esta constante decadencia. A mi entender una razón fundacional es la extravagante división política que a pretexto de un federalismo originado por el caudillaje del siglo XIX, y ejecutada por motivos meramente políticos en el XX, dio existencia a provincias inviables, tanto por su economía como por su escasa población, con PBI que no financia mínimamente ni siquiera a su administración pública y que son administradas por regímenes más propios de las satrapías persas del siglo V aC con funcionarios que viajan en jet y viven en palacios y sus ciudadanos en ranchitos y se mueven a caballo. En contracara la provincia de Buenos Aires, una especie de país dentro del país. Otra razón es el sistema tributario, que básicamente consiste en la recaudación por el Estado nacional del grueso de los impuestos que luego de forma arbitraria y a su conveniencia los devuelve a las provincias, situación que se agravó con el IVA. Estas provincias inviables sólo pueden funcionar con la ayuda del Estado nacional por su déficit económico, perdiendo toda autonomía política. Son verdaderas satrapías cuyos gobernadores actúan como verdaderos virreyes subordinados totalmente al Ejecutivo nacional respondiendo a las necesidades legislativas del oficialismo de turno, y como recompensa reciben el dinero para su gobierno y recursos para mantenerse con demagogia y populismo en el poder. Estos regímenes provinciales se transformaron en lo que Michelangelo Bovero llamó gobierno plutocrático-demagógico-autoritario que estimuló las grandes corrientes migratorias internas hacia la moderna metrópolis generando los anillos periurbanos que dieron forma al monstruo bonaerense. Si no resolvemos los cimientos de nuestra decadencia continuaremos gobernados por kakistocracias, como ocurrió con escasas excepciones durante los últimos 70 años.
Gerardo Orallo
DNI 6.008.474
Candidatos que dan risa
Si no fuera algo que podría llegar a ser dramático, hasta diría que me causa gracia quienes serán los únicos candidatos a presidente y vice del Frente para la Victoria: Daniel Scioli, permanentemente criticado por los integrantes de Carta Abierta, Hebe de Bonafini, y por los integrantes de La Cámpora. Dicen que nunca fue kirchnerista ni tampoco, creo, peronista; que fue un invento de Carlos Menem, el anterior presidente justicialista (claro representante del neoliberalismo). Y qué me dicen del candidato a vice, otro que tampoco es peronista, que militaba en el comunismo pro chino y que siempre ha actuado desde las sombras, influyendo en cada acto despótico y/o autoritario de la presidente (¡qué recuerdos me trae de López Rega!). Me pregunto qué se hizo del pueblo peronista. ¿Cómo se dejaron copar el movimiento con estos personajes, cuyos intereses son muy distintos a la patria justa, libre y soberana que propugnaba el general Perón y su esposa Eva Duarte.
Julio Cesar Marín
DNI 6.057.337
Elegir al verdugo
El domingo de las últimas elecciones fui a almorzar de mi hermano, junto a su esposa e hijos, y entre el partido de rugby de Los Pumas se mechaba a quién votaríamos. Tengo dos sobrinos que se animaron a contar su predilección política, o simplemente su atracción por uno de los candidatos. Ellos no superan los 30 años pero se han acostumbrado, afortunadamente, a emitir su sufragio cada dos años, y yo que vengo de participar en la vida electoral desde hace más de 20 años no me sorprende, en realidad me satisface. El nombre del candidato elegido salió rápido y hasta con convencimiento, diría, sonó fuerte, con esa fuerza de cosas que a veces uno no quiere escuchar, pero oye, mastica, traga y duele. Mis sobrinos –uno trabaja como empleado, y otra estudia abogacía–; su familia es de madre y padre trabajadores (mi cuñada es empleada doméstica; mi hermano, empleado mercantil), familia humilde. Volviendo a lo que quería contar vuelvo al nombre elegido, quizás algunos lectores ya lo hayan adivinado, quizás otros también lo hayan votado, y en verdad (al menos reduciéndome al entorno de mi familia) sigo sin entenderlo. Siento que votaron a su propio verdugo. Sonó fuerte en la mesa su nombre, o será que a mí me sonó así y me asusté, sentí impotencia, me cuestione rápidamente por qué jóvenes, talentosos, creativos, divertidos pero también (y no es deshonroso) humildes de cuna, con una familia de orgullosa casta trabajadora, donde todo cuesta y el esfuerzo es consigna diaria, eligen así, toman como propio, como protector, o como signo de progreso social e individual al verdugo. Es difícil entenderlo y a la vez fácil saberlo. La maquinaria del poder penetra en el llano de la sociedad y obtiene sus frutos, nadie es culpable, todos somos en parte responsables. Mis sobrinos fueron al cuarto oscuro, convencidos, y lo decían en voz alta que votar por el halo amarillo era lo mejor y así optaron por un hombre –con su supuesto proyecto político– cuyo nombre y apellido empiezan con una linda letra M, de madre, mamá, maravillas, memoria; pero en este caso esa M se convierte en malo. ¿Por qué un hombre que desde que tiene exposición pública reniega de los derechos de los trabajadores (paritarias, convenios colectivos de trabajo), se opone a políticas populares (nacionalización de empresas estratégicas para el Estado nacional, derechos constituidos para jóvenes, madres y niños), rechaza demandas históricas de organismos de derechos humanos (avance de los juicios a los genocidas de la dictadura) y se codea y celebra con líderes internacionales que se jactan de su xenofobia, sería una buena M? Sinceramente, siento que no. Mis sobrinos eligieron al verdugo, y son jóvenes, los conozco, de más está decir que la elección es libre, soberana, individual, sin sentir ni tener derecho de juzgar a nadie. No estoy juzgando, sino tratando de entender.
Daniel Aristizábal
¿Conoce la ciudad?
Ya hace cuatro años que comenzó su gestión, cuatro años que en nuestro barrio Larrea no se ha hecho nada. Estoy segura de que no sabe que existe un barrio con ese nombre ya que ni siquiera lo nombra y cuando se hacen obras pasan de Empalme Graneros a Fisherton. Justo al medio estamos nosotros (Juan José Paso, Provincias Unidas, Circunvalación y Arroyo Ludueña). Existen en este barrio una escuela con tres niveles, dispensario, capilla, calles rotas, no hay cloacas, mala iluminación, no hay policías, entre otras cosas. El barrio podría tener otra salida hasta el aeropuerto sólo con abrir un tejido al final de la calle México, que así se uniría con Jorge Newbery. Señora intendenta, espero que ahora sepa que existe un bario llamado Larrea, donde también pagamos los impuestos.
Nora S. Sánchez
DNI 5.636.670
Verdaderas raíces
Una sociedad que busca sus raíces, el retorno a las costumbres autóctonas y el surgimiento de lo regional, es una marcada característica del tiempo presente. Cada pueblo está adquiriendo mayor conciencia de lo suyo, de lo propio, de aquello que lo dio a luz. Esta tendencia se refleja en una revalorización de exponentes locales, por ejemplo en Rosario se distinguió a artistas, escritores y deportistas talentosos, erigiéndose monumentos en su memoria. También en la música. El auge de intérpretes, compositores y cantantes que elogian su propio suelo está en alza, basta con escuchar los altavoces de los automóviles para darnos cuenta. En la faz cultural los programas que promueven lo regional ganan cada vez mayor espacio. Como nunca antes se difunde la historia argentina a través de la pluma de narradores de nuestro tiempo. La política tampoco queda afuera de esta apreciación, en un marco mayor se habla de una “Patria Grande” dando a entender el camino convergente de los países latinoamericanos a fin de alcanzar mayor raigambre en el mundo. La gente tiene avidez por descubrir sus propias raíces, fenómeno social que irá en aumento cada vez más y que claramente pone al descubierto una intensa y urgente búsqueda de identidad. Dice la Biblia que el hombre fue creado a la misma semejanza (homoioma) de Dios, por tanto las raíces de la humanidad –más allá de la raza o nación– se remontan al génesis, al principio de la creación. El ser humano hallará su verdadera identidad cuando descubra que procede de Dios. Que las raíces están en su Creador.
Oscar Alcides Gómez
DNI 16.852.698
Comunidad Cristiana de Rosario
La fama a costa de otros
Por la presente quiero manifestar mi desagrado y molestia por la publicación del libro “Vía Crucis”, que ha escrito el prestigioso periodista Gianluigi Nuzzi. Todos sabemos parte o alguno de los detalles que explica minuciosamente allí. Según dice, no se ha ahorrado investigación al respecto. No me parece justo, ético, ni de buen gusto, andar desparramando por el mundo entero los errores de los demás. Que, por otro lado, sabemos, se está poniendo remedio, lentamente. A nadie le gustaría que publiquen en el diario, las dificultades o corrupciones familiares o personales (para decirlo en fino). Pues, a mí no me cae en gracia que alguien que se tilda de cristiano, desprestigie de esa forma a mi Santa Madre la Iglesia. Es verdad que tenemos mucho que corregir. Nos lo ha dicho el Papa Francisco desde el primer momento. En eso estamos. Pero con este libro para nada ayuda, sino que confunde aún más. Lo animo, ya que tiene capacidad de análisis, de investigar otras corrupciones que andan girando por ahí. Para hacer un mundo, o un país mejor. Acabo aclarando que esta carta para nada quiere ser ofensiva, sino explicación de mi parecer, y el de muchos. Gracias por leerla.
Cecilia Goyret