La amenaza de Cascavia
Días pasados, un pastor norteamericano en un sermón por TV decía a sus feligreses que el fin del mundo estaba pendiente de la falla de Cascavia. Al mismo tiempo, dramatizando la arenga vaticinaba que la vida de la humanidad estaba subordinada a lo que podría ocurrir en caso de un megaterremoto.

Miércoles 28 de Abril de 2010

Días pasados, un pastor norteamericano en un sermón por TV decía a sus feligreses que el fin del mundo estaba pendiente de la falla de Cascavia. Al mismo tiempo, dramatizando la arenga vaticinaba que la vida de la humanidad estaba subordinada a lo que podría ocurrir en caso de un megaterremoto. La falla de Cascavia es un accidente geológico del océano Pacífico situado a la altura del paralelo 48, frente a la ciudad estadounidense de Seattle. Falla geológica es una discontinuidad por ruptura de las rocas superficiales de la Tierra. Cuando las fuerzas tectónicas superan la resistencia de esas capas graníticas, éstas se fracturan generando resquebraduras bien definidas, llamadas fallas y estos bloques se desprenden totalmente; se superponen unos a otros o se deslizan lateralmente hacia uno u otro lado poniendo en peligro la tranquilidad oceánica. Cascavia, por ahora es una falla inactiva, llamada Placa Norteamericana y pertenece al Cinturón de Fuego del Pacífico. Según estudios que se han hecho en la zona de Cascavia, se han descubierto ciertos comportamiento asísmicos, que podrían servir para anticipar un seísmo y por ende, ayudar a prevenir el comportamiento del Cinturón de Fuego. Mecanismo que condiciona la creación de fosas oceánicas, el metamorfismo de alta presión y de bajas temperaturas; además, el origen de terremotos cuyos epicentros se distribuyen a lo largo del plano de Benioff. Diagrama de fricción entre las placas tectónicas, graficación de la concentración de los focos o hipotéticos centros de terremotos. Los científicos aseguran que la falla de Cascavia es bastante inestable y el día que despierte, podría generar una hecatombe imprevisible. Al parecer, el pastor no estaba muy errado en sus predicciones.

Roberto Linares linares3@arnet.com.ar