La alegría de un grupo de rosarinas pasadas por agua

Jueves 25 de Julio de 2013

La lluvia no dio tregua ayer en Aparecida, donde por la madrugada comenzaron a llegar colectivos de distintos lugares de Brasil y también de jóvenes que se acercaron desde Río (el viaje lleva unas cinco horas). Cerca de las 7, cuando un grupo de jóvenes rosarinas se colocó en una ya larga fila para entrar a la basílica, que recién abrió a las 9, llovía a cántaros.

Los vendedores de capas tuvieron un gran día porque sin esos plásticos con capucha hubiera sido imposible resistir la tormenta que no amainó en todo el día. Dos horas antes de que se abriera el templo la fila daba ya dos vueltas a uno de los santuarios más grandes de Brasil. Allí resistieron las inclemencias niños pequeños, abuelos, gente de todas las edades cubiertos con frazadas, gorros de lana y guantes. Algunos se cubrían con bolsas de consorcio para intentar esquivar un poco los chubascos.

Y a ellos el Pontífice supo consolar cuando dijo al concluir la ceremonia: "Gracias, muchas gracias por haber esperado bajo la lluvia", y luego pasó muy cerca con el papamóvil cosechando ovaciones.

Como ya es normal en él, no dejó de expresar complicidad ante las banderas argentinas que los fieles sacudían desde la multitud. Así sucedió cuando vio a un pequeño grupo de jóvenes rosarinas que extendían la bandera. El Papa les dijo "chau" acompañado de un saludo de manos y una amplia sonrisa.