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La agenda de fin de año

Claves. En pocas semanas se definirá la suerte del proyecto de reforma constitucional que está guardado en una cajonera de Gobernación. La danza de candidatos para 2019 espera su lugar.

Jueves 23 de Noviembre de 2017

Ya se acerca Nochebuena, ya se acerca Navidad. Y también el momento en que se definirá si habrá reforma constitucional en la provincia de Santa Fe.
   Bajo siete llaves, se guarda en una cajonera de la Casa Gris el proyecto de reforma a la Carta Magna que el gobernador Miguel Lifschitz les pidió a los técnicos de su administración. Por lejos, fue más fácil acordar los ítems que alcanzar consenso adentro de las filas del Partido Socialista. Ese consenso aún no llegó. Y nadie sabe si llegará.
   En un punto, las cosas están como hace un año: lo único que interesa en el contexto de la política es si el proyecto contempla la reelección del gobernador. La respuesta es sí. Más difícil es saber si finalmente Lifschitz logra lo que se propone en su fuero intimo: que se habilite su propia reelección.
   Si el actual titular de la Casa Gris renuncia públicamente a la posibilidad de su reelección, todo el socialismo saldrá a bancar la reforma con énfasis. Pero Lifschitz sabe que, inmediatamente después de ese renunciamiento, quedará como un pato rengo, algo que también les sucedió a Jorge Obeid, Hermes Binner y Antonio Bonfatti.
   "Los socialistas insisten en algo que no van a poder. Podrán arreglar con algunos senadores peronistas, pero el PJ, institucionalmente, no va a aprobar una reforma constitucional", dice una referencia del peronismo con peso propio en la estructura provincial.
Sin reelección
   Algo similar sucede en el PRO, donde están al tanto de las intenciones de Lifschitz de querer proyectarse más allá de 2019. La principal referencia que tiene el macrismo, Roy López Molina, repitió que están de acuerdo con una reforma siempre y cuando no se contemple la reelección del gobernador. Que ese artículo quede tal cual está.
   Al inicio de la gestión actual en Santa Fe, y de la nacional, muchos creían —incluso el autor de esta columna— que la relación entre Macri y Lifschitz sonaría como un violín afinado por las características de ambos dirigentes. Y que en ese guión figuraría la posibilidad de apoyos mutuos en algunos temas cruciales. Pues bien: si no hay aval del presidente de la Nación a una reforma constitucional en Santa Fe, el PRO ni en sueños apoyará los planes del gobernador.
   Lifschitz tiene la idea fija con la reforma de la constitución, al punto que el borrador dispuesto al comienzo de todo era imposible de vender al gran público. Se trataba sólo de una suma de referencias políticamente correctas para "ampliar derechos" y cosas por el estilo.
   Al final de 2016, apareció la idea de ir por la limitación de mandatos de legisladores y concejales. Sin una reforma política profunda, incluida en la declaración de la necesidad de la reforma, la cuestión no le interesa más que a los académicos y grupos de pertenencia.
   La decisión de Lifschitz de insistir en el tema llevó a que le dijera alguna vez a La Capital: "Voy a insistir con esto aunque sólo se convoque la convención para modificar los años de mandato de los presidentes comunales". Sea cual fuere la intención, esto se sabrá de acá a pocos meses más: si el proyecto no se aprueba antes de abril de 2018, la reforma correrá el mismo destino que les cupo a las iniciativas de Binner, Bonfatti y Obeid.
   Ya se conoce hasta en los bares de parroquianos que no hablan mucho de política que el gobernador modificará su gabinete en breve. Se irán los ministros radicales vinculados al Grupo Universidad. Desde el lado de José Corral, también se tomará la decisión de que renuncie el dirigente socialista que ocupa un cargo en su equipo de gobierno. Los nenes con los nenes y las nenas con las nenas. Será el final formal del Frente Progresista tal como se lo conoció. En los hechos, esa alianza ya está rota.
   Ahora bien, mucho se habla de los cambios en el gabinete y poco de Rosario, donde el oficialismo necesita más oxigeno que nunca para evitar hacer las valijas en 2019. ¿No será la hora en que la intendenta deba convocar a referencias del socialismo que, actualmente, se encuentran en cargos provinciales? ¿No debería convocar a Miguel Cappiello, quien es de los pocos que mantiene un invicto electoral?
   "Si los que ocupan cargos en la Municipalidad no son relevantes, no vamos a poder recuperar la agenda perdida. No puede ser que el Concejo siga manejando la agenda de la ciudad: ahí somos franca minoría", narró a este diario un ex funcionario municipal. Si el socialismo no modifica los resultados en Rosario, en 2019 se quedará sin la ciudad y sin la provincia.
   Más allá de la reforma y los cambios de gabinete, la Casa Gris no ha ocultado su interés en el juicio que se lleva adelante contra Los Monos. Reivindican que por primera vez se juzgue a una banda vinculada al narcotráfico y, en ese sentido, resaltan la presencia en el inicio de las audiencias del ministro de Seguridad, Maximiliano Pullaro. Nada es casual: cerca de Lifschitz no descartan a Pullaro como candidato a intendente, en 2019.
   Y en este punto, aparece otra de las cuestiones que dará que hablar en breve: los nombres de los futuros postulantes para los comicios. Yerran quienes dicen que "faltan dos años" para el proceso electoral. En apenas 15 meses habrá novedades con las listas. Y, mucho antes, comenzarán las especulaciones sobre las fechas.
   Todo indica que el gobernador dispondrá que los comicios a gobernador e intendente se realicen "mucho antes" que las elecciones nacionales. Tal como hizo Antonio Bonfatti en 2015. La razón es muy simple: evitar la nacionalización.
   Si la dinámica de la política argentina continúa como hasta hoy, Macri no tendrá problemas en ser reelecto. Por eso, los comicios provinciales deberán estar muy lejos de las elecciones a presidente, si es que el Frente Progresista y el peronismo sueñan con ganar la Gobernación.

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