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Kerry sale a contener daños y reparar la imagen de EEUU

La política exterior de Obama, y no el escándalo de espionaje, es el mayor motivo de preocupación entre sus socios de Medio Oriente

Lunes 04 de Noviembre de 2013

El calendario de viajes del secretario de Estado norteamericano John Kerry suena agotador. El jefe de la diplomacia de Washington visita desde ayer nueve Estados entre Medio Oriente, Europa y Asia hasta el 11 de noviembre. En todos ellos lo esperan reuniones incómodas.

Estados Unidos se encuentra contra las cuerdas en política exterior, pues muchos de sus aliados están molestos. Las causas varían desde el escándalo de espionaje en torno a su servicio secreto NSA, una tibia política sobre Siria, su supuesta indulgencia con Irán o la decepcionante evolución del conflicto en Medio Oriente. Pero además de fuera de casa, también muchos estadounidenses opinan que su país se está ganando una imagen realmente mala en el panorama diplomático. Las encuestas apuntan que la aprobación de la política exterior del presidente Barack Obama está en 39 por ciento, la más baja en sus casi cinco años de mandato, según el portal Real Clear Politics.

Como Obama se ha visto muy perjudicado por problemas internos —desde la reforma de la salud a la disputa presupuestaria— Kerry es quien tiene que cargar con la misión de limitar los daños fuera de las fronteras. "El secretario de Estado cree que arremangarse y cuidar la diplomacia personal es el camino a seguir para afrontar los desafíos globales", señaló su portavoz, Jennifer Psaki, durante la presentación del calendario de viaje de su jefe.

Kerry, de 69 años, estuvo ayer en El Cairo y Ryad, y continuará luego a Varsovia, Jerusalén, Belén, Ammán, Abu Dhabi, Argel y Rabat, siguiendo este agotador orden. Casi por sorpresa, el viaje comenzó ayer El Cairo, donde desde el derrocamiento del presidente islamista Mohammed Mursi por el ejército no había puesto pie ningún político estadounidense de alto nivel. Llama la atención que, hasta el último momento, Egipto no tuviera confirmación de la visita. Aunque Washington no califica de golpe de Estado el derrocamiento de Mursi, canceló provisionalmente la ayuda financiera al ejército egipcio.

Las tensiones entre ambos países hasta ahora aliados son grandes, y Obama no parece tener del todo claro cómo gestionar la situación en el país del Nilo. Kerry buscó echar algo de claridad en El Cairo al asegurar que Estados Unidos seguirá apoyando a Egipto pese a su decidión de retener ayuda militar.

Y claridad es lo que probablemente desea también Arabia Saudita. La cúpula de Ryad está irritada por la política estadounidense sobre Siria, pues les molestó la decisión de no sancionar con un ataque militar el uso de armas químicas por parte del régimen de Bashar Assad. Arabia Saudita "invirtió miles de millones de dólares en apoyar militarmente a los rebeldes y durante meses instó a la comunidad internacional a intervenir", afirma Salman Shaikh, del think tank Brookings Center, en Qatar. Y después tuvieron que ver cómo Estados Unidos daba más tiempo al régimen, añade. En una acción sin precedentes, Arabia Saudita rechazó hace dos semanas un asiento temporal en el Consejo de Seguridad de la ONU, alegando la "doble moral" del órgano y su incapacidad para resolver conflictos. Como ejemplo nombró la guerra civil en Siria. Además, también cae mal que Washington esté acercándose cuidadosamente a su archirrival Irán.

Antishiíta. Expertos estadounidenses sostienen que Washington no debe tomarse demasiado en serio estas desavenencias. En el fondo, la posición saudita "no se basa en la preocupación humanitaria por los pueblos" de Siria e Irán, sino que está movida por "una profunda ideología antishiíta", opina el famoso periodista Fareed Zakaria.

Con todo, Arabia Saudita no es la única etapa difícil en la gira de Kerry. Y es que durante su estancia en Varsovia tendrá que responder a las duras preguntas de los europeos sobre el escándalo de espionaje que protagoniza su servicio secreto NSA. En su visita a Israel y los territorios palestinos volverá probablemente a pasar un mal rato: Kerry quiere el éxito del proceso de paz y recientemente volvió a conversar durante siete horas con el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, pero a éste lo preocupa más la política estadounidense sobre Irán.

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