Martes 19 de Noviembre de 2013
Me interesa cuando viajo ver qué medidas urbanísticas se toman en las ciudades y cómo se concientiza a la gente acerca del tema de discriminación y discapacidad. A veces siento que la gente se comporta como en una tira de Mafalda donde le muestra a Susanita un muñeco negro que le regaló su mamá y Susanita dice: “¡Ah! Un negrito”. Mafalda entonces le replica: “No vas a decirme que tenés prejuicios raciales!”. Susanita le responde: “Si somos todos iguales, ¿cómo voy a tener prejuicios raciales?” Y se va mientras Mafalda le pregunta: ¿A dónde vas? Susanita espontáneamente exclama: “A lavarme el dedo”! (refiriéndose al dedo con el que había tocado al negrito). Entre todos estos “somos iguales” hay gente a la que se la considera “distinta”: gente con necesidades especiales. No son distintas, somos todos seres humanos, pero está claro que se los diferencia: rasgos de la cara, estatura, problemas en el caminar, etcétera, características que no los hace distintos, sino luchadores de la adversidad, barreras arquitectónicas, discriminación y segregación. Ellos luchan día a día por superar esas diferencias y eso merece toda nuestra comprensión y colaboración. Uno de los carteles que vi en la vía pública iluminado y con vidrio protector era un niño en silla de ruedas con disfraz de Superman. El cartel decía: “Todo es posible (aludiendo a Superman) Una oportunidad es todo lo que él necesita. En letras pequeñas estaba la organización para “niños con necesidades especiales”. Ese apodo me pareció exacto. Quienes estamos en contacto con gente con alguna necesidad especial, muchas veces nos hemos sentido mal por llamarlos “gente discapacitada”, algunos los llamaban “minusválidos” o con “capacidades diferentes”. Creo que es exacto que son “niños con necesidades especiales”, y que la gente empiece a entender que necesitan de otro en mayor o menor medida. Que aunque sean autónomos no podemos ponerles trabas y la mayor es: la discriminación. Estas campañas que supongo que al estar en la vía pública son auspiciadas por la misma Municipalidad de la ciudad, creo que van haciendo tomar conciencia a la gente lo que implica, el duro afrontar cada día de la vida para ellos, para cada Superman que existe en un niño con necesidades especiales y para que los convencionales, intentemos en el mejor de los casos ayudar, o por lo menos no entorpecer (rampas obstruidas con coches, con sillas de bares, puestos de flores, ómnibus sin rampa de acceso, morbosidad al mirarlos, burocracia). Me pareció excelente el compromiso de la Dirección para la Inclusión de Personas con Discapacidad de la Municipalidad de Rosario de exponer en la Feria de las Colectividades un stand, donde el grupo Sin Barreras y otros explicarán en qué consisten las necesidades especiales y cómo subsanarlas con nuestra cotidiana colaboración.
Silvia Buonamico