Viernes 30 de Noviembre de 2012
¿Cómo pudo desarrollarse una charla entre dos personas con convicciones opuestas? Uno, Sigmund Freud, habló desde la razón, y el otro, Clive Staples Lewis, un escritor ateo, luego convertido al catolicismo , lo hizo desde la fe. Sin embargo tuvieron un punto de contacto: ambos descubrieron o crearon mundos, cada uno a su manera, paralelos. Uno enunció el universo del inconsciente; el otro el territorio mítico de "Las crónicas de Narnia", entre otras obras. El encuentro, sin embargo, no habría existido, pero fue planteado como argumento del libro "La cuestión de Dios", de Armand Nicholi. Tomado luego por el dramaturgo Mark St. Germain, se transformó en "La última sesión de Freud", donde el creador del psicoanálisis y el autor británico hablan de Dios, el amor, el sexo y el sentido de la vida. Lo hacen con la seriedad del caso, pero también con humor e ironía, según contó a LaCapital Luis Machín, quien protagoniza la pieza junto a Jorge Suárez, ganador del ACE a mejor actor por este trabajo. La obra se presenta hoy, a las 21.30, en el teatro La Comedia (Mitre y Ricardone). La función se repetirá mañana a las 21.30 y a las 23.30.
"No es una obra que vaya a ser comprendida sólo pos los entendidos en religión o en ciencia, sino que es una discusión que está al alcance de la mayoría", aseguró Machín sobre el texto en el cual interpreta a Lewis, y aclaró: "Se puede llegar a temer que sea una discusión muy elevada entre dos personas muy preparadas pero eso no quita interés en personas que no hayan leído a Freud o a Lewis. Es una obra que está al alcance de la gran mayoría porque si bien se discute en un nivel alto lo hace a partir de lo que rodea a temas más cotidianos. Por eso la van a ver sacerdotes y psicoanalistas, pero también quienes se hacen estas preguntas, que somos la mayoría de los seres humanos. Son preguntas existenciales que tienen un desarrollo bastante práctico y muy al alcance de todos".
Literatura y teoría. ¿Cómo supera el texto teatral la literatura y la producción teórica de Freud? "Ahí lo importante es cuando los discursos están atravesados por la defensa de lo que dicen, cómo se pone el cuerpo en eso", explicó Machín y añadió: "Es cuando empieza golpear fuerte lo teatral porque si no uno lo leería y diría que la importancia está en lo que se dice. Y este no es el caso. El autor de la obra vino a verla cuando cumplimos cien funciones y él estaba muy emocionado por cómo estaba puesta. El nos decía que ninguna de las veces que la había visto en distintos lugares del mundo había posibilidad de que hubiera algún contacto entre los dos personajes, algo más físico. Y donde veía que los cuerpos estaban atravesados por los discursos es donde recibía más el carácter teatral porque si no uno la leería, pero acá la puesta, y nosotros como actores, nos abocamos a la defensa de lo que se dice, en cómo se dice y cómo se compromete el cuerpo en la defensa del discurso".
En ese sentido, mencionó el "compromiso" que la obra demandó a los actores: "Ese es otro de los puntos en el cual hicimos hincapié porque la obra, si no, podía ser muy discursiva y no se llegaría a poder atravesar la importancia del texto. Ahí es cuando uno como actor ve los peligros que puede tener una obra y rápidamente los ataca. Me parece que de otra manera no nos hubiera salido. Lo que nos decía St. Germain es que en general se respeta muchísimo el nivel académico de Lewis y de Freud, y, en general, han sido puestas más bien frías. Acá nosotros nos dimos cuenta rápidamente que teníamos que defender como actores esos discursos con un compromiso más corporal".
"Con esto -ironizó- no quiero decir que van a ver una obra de danza, sino que es teatro, pero los cuerpos están atravesados por esos discursos. Es importante aclararlo porque por el tema y el tipo de personaje algún distraído puede pensar que va a ver una obra aburrida y es todo lo contrario. Por momentos tiene diálogos que son hilarantes, hay un humor que atraviesa toda la obra, que es también cierto cinismo en el lenguaje de Freud y cómo Lewis lo pone contra las cuerdas en muchos momentos en sus aseveraciones. Todo el tiempo se está coqueteando con eso, con el cinismo, con la hipocresía, con la creencia más profunda, con el humor. La obra tiene todos esos condimentos", afirmó.
Según contó, en las más de 260 funciones que ofrecieron de "La última sesión de Freud" hubo reacciones dispares con respecto a temas que suelen avivar las pasiones. "Han venido a vernos muchos sacerdotes, gente con remeras estampadas con la figura de Cristo. Es muy impresionante la cantidad de gente que viene en relación a lo distinto. Hemos visto sacerdotes aplaudiendo de pie, gente besando el rosario mientras veía la obra; hemos visto cómo se ha retirado algún grupo antes de que termine la obra que intuíamos que eran grupos religiosos más fundamentalistas. Un día lo vimos al padre Farinello aplaudiendo en primera fila, a María Kodama, cantidad de gente de pensamientos tan distintos que llama la atención".
—¿A León Ferrari no lo vieron?
—No, yo no lo vi, y no estoy anoticiado de que haya ido, pero quizás haya estado. Sería un espectador muy interesante para que vea esta obra.