Jubilados indignados
A raíz de la publicación de un alegato contra la indiferencia, y a favor de la insurrección pacífica, titulado "Indignante", escrito por Stéphane Hessel, diplomático, escritor y miembro de la resistencia francesa, la joven generación española tomó la posta y salió a la calle indignada.

Domingo 11 de Septiembre de 2011

A raíz de la publicación de un alegato contra la indiferencia, y a favor de la insurrección pacífica, titulado "Indignante", escrito por Stéphane Hessel, diplomático, escritor y miembro de la resistencia francesa, la joven generación española tomó la posta y salió a la calle indignada. En nuestro país los que tienen motivos más que suficientes para estar indignados son los jubilados que cobran la mínima. Indignados por el veto al 82 por ciento de la señora presidenta. Indignados porque Diego Bossio (Ansés) no acata los fallos de la Justicia. Para los juicios no hay, para pagar el 82 por ciento móvil no hay, para pagar planes sí hay. Indignados por los subsidios otorgados a grupos empresarios afines al gobierno. Cincuenta mil millones destinados a subsidios subvencionando a gente que no necesita subvención. Indignados por los montos de millones de pesos para la televisación del Fútbol para Todos como droga de distracción. Indignados porque la Declaración Universal de los Derechos Humanos adoptada por la ONU no se cumple. Indignados porque en una Argentina que durante casi una década creció al 9 por ciento anual, nuestro gobierno no puede pagar una jubilación digna. Indignados porque la inseguridad, la corrupción y la inflación no figuran en los discursos de este gobierno. Pero la indignación no tiene sentido si no va acompañada de alguna o varias acciones en concreto. Hay cuatro millones y medio de jubilados que está bajo la línea de pobreza. Calculando que el 25 por ciento está cobrando sin haber hecho ningún aporte, que son los que apoyarían la reelección, resta un 75 por ciento. De este porcentaje, si solamente fueran a votar en octubre el 50 por ciento, estos jubilados serían dueños de dos millones doscientos cincuenta mil votos. Pueden dar vuelta cualquier elección. La fuerza del voto es la que deben aprovechar. No basta solamente con la indignación sino con los pasos a seguir. Sería fundamental ir a votar, aunque no tengan obligación. De ganar las elecciones Cristina Fernández pasará a ser una utopía para los jubilados. Los diputados y senadores de la Nación deben volver a promover el plebiscito vinculante (82 por ciento) para poder conseguir una jubilación que permita a los ancianos finalizar sus días con dignidad. Mientras tanto y como decía Aristóteles, la esperanza es el sueño del hombre despierto.