Joaquín Penina, un hijo del pueblo
Dice en uno de sus poemas Miguel Hernández: “Si hay hombres que contienen un alma sin fronteras, una esparcida frente de mundiales cabellos, cubierta de horizontes, barcos y cordilleras, con arena...

Martes 02 de Septiembre de 2014

Dice en uno de sus poemas Miguel Hernández: “Si hay hombres que contienen un alma sin fronteras, una esparcida frente de mundiales cabellos, cubierta de horizontes, barcos y cordilleras, con arena y con nieve, tú eres uno de aquellos. Uno de aquellos, uno de aquellos, si hay hombres que contienen un alma sin fronteras, tú eres uno de aquellos”. “Universal fielmente”, se refería a los luchadores sociales de la revolución libertaria española, a los internacionalistas, la mayoría de ellos de ideología anarquista, para los cuales las fronteras son una creación artificial de quienes buscan dominar y gozar de privilegios. Joaquín Penina fue joven anarquista catalán fusilado en setiembre de 1930 en las barrancas del arroyo Saladillo. En efecto, luego del golpe de septiembre de 1930, habiéndose implantado por decreto del presidente de de facto José Félix Uriburu la ley marcial, comenzó una persecución implacable contra los militantes sociales, principalmente los de ideología ácrata. Joaquín Penina, fue secuestrado de su humilde pieza de pensión ubicada en calle Salta al 1600, conducido a la Jefatura de policía y trasladado en las tinieblas de la noche invernal hacia el barrio Saladillo. En las barrancas de La Quebrada fue abatido por la metralla acusado de escribir y distribuir un volante contra la violencia militarista. Se inauguraba así una fatídica etapa de persecuciones a los militantes sociales y proletarios, principalmente contra los de Federación Obrera Regional Argentina (Fora) J. Penina era obrero mosaísta y pertenecía a la Federación Obrera Local adherida a la Fora. Además distribuía libros y folletos de los ideólogos socialistas libertarios: Pierre Joseph Proudhon, Mijail Bakunin, Piotr Kropotkin y Errico Malatesta, también material sobre naturismo y vegetarianismo. La oleada represiva continuó durante toda la “década infame”. En 1931 se perpetraron en Buenos Aires los fusilamientos de los militantes anarquistas Severino Di Giovanni y Paulino Scarfó. Con el proceso de Bragado se encarceló por más de una década a tres militantes de la FORA V Congreso: Pascual Vuotto, Santiago Mainini y Reclús de Diago. Los perseguidos y estigmatizados desde los alto eran en todos los casos trabajadores de ideología y prácticas solidarias, hombres de ideas avanzadas, insumisos al poder plutocrático, eclesial y militar. Mientras tanto, los políticos de entonces maniobraban en sus conciliábulos y maquinaban sus contubernios. Firmaban pactos como el Roca-Runciman, entronizaban al Gral. Agustín P. Justo, a Roberto M. Ortiz y Ramón S. Castillo. Agregaban eslabones a las cadenas que amordazan a los pueblos, agregando a la corona británica “el sexto dominio”. Joaquín Penina, un hijo del pueblo, cuya sangre fue derramada por los chacales cancerberos de privilegios, precursores del Terrorismo de Estado en el pasado siglo XX.

Carlos A. Solero / casolero_1@hotmail.com