Viernes 01 de Abril de 2016
Del otro lado de la cordillera el nombre de Javiera Mena es sinónimo de innovación y transgresión. Esta chilena de 32 años viene construyendo un camino propio desde su primer disco, “Esquemas juveniles” (2006), y ahora es una referente del electropop en Latinoamérica, donde ocupa un lugar de privilegio a la altura de compositoras como Julieta Venegas y Natalia Lafourcade. La cantante también se convirtió —sin buscarlo— en un ícono gay, hablando abiertamente sobre su sexualidad y derribando prejuicios en un país conservador. Su música, que combina bases electrónicas con melodías y letras sensibles, ya llegó a México, Estados Unidos, España y Argentina. Algunos críticos, sin titubear, la consideran una artista de culto.
Hoy Javiera Mena se presentará por primera vez en Rosario, y en el centro de la escena estará su último álbum, “Otra era”, que tiene un pulso muy bailable. “La música electrónica que yo hago es muy orgánica, no es algo frío. Mi voz y la forma en que lo transmito es muy cálido”, aseguró. Sobre el escenario la acompañan dos bailarinas y dos músicos. “Son sólo chicas. Hay mucha energía femenina. La danza es primordial, es el hilo conductor del espectáculo. Es un show bien arriba, pero en el medio hay matices”, adelantó.
Cuando era chica la cantante escuchaba la música que sonaba en su casa, grupos como ABBA y la Electric Light Orchestra. “Pero después me rebelé y empecé a escuchar mucha música electrónica, como el tecno, el house y otros estilos más experimentales. Entre la música más vanguardista y la más tradicional fui armando mi propio estilo”, contó. Este estilo tiene también una marca local. “Los Prisioneros son la banda en español que más me ha pegado: por ser chilenos, porque les entendía las letras, por ser muy políticos y al mismo tiempo muy bailables. Son un ejemplo para mí”, enfatizó. Lo mismo siente por Violeta Parra. “Yo me encanté con ella cuando mi prima me regaló una compilación de cinco CDs, y ahí me encontré con toda su obra, que incluye canciones de 10 minutos, muy experimentales. Violeta fue una mujer muy libre, de un espíritu gitano, y por eso me siento cercana a ella. Es la figura más potente que dio la música de Chile”, afirmó.
Si bien las chicas ocupan un lugar cada vez más destacado en el mundo de la música, Javiera asegura que “ser reconocida como un ente creador es más difícil siendo mujer”. “A los hombres nadie les cuestiona si son compositores, productores o nada. Con la mujer se da por sentado que sólo es cantante, y que atrás hay un productor inventándola. Cuando yo trabajo con algún productor o hacemos un mix noto que la prensa los nombra más a ellos, haciéndose énfasis, como diciendo: «ellos son los cabezones, los cerebros, y esta chica sólo está cantando». En ese sentido cuesta más validarse y hay que probarlo cuatro, cinco, seis veces para que realmente tomen en cuenta la parte creativa de uno, que es la más importante”, explicó.
En su propio país la cantante y compositora tuvo además que enfrentarse con otros prejuicios. “En Chile somos muy de mirar a Europa y EEUU. En los festivales los cabeza de cartel son extranjeros y a los mismos chicos les gusta más la música en inglés”, contó. “Después de la dictadura Chile quedó demasiado abierto al libre mercado y eso incluyó a la música, como un bien de libre mercado también. Por suerte ahora eso está cambiando, pero ha sido todo un camino. Los músicos hemos luchado con fuerza y los adolescentes están optando por la música chilena”, señaló. Esa apertura se notó en el último Festival de Viña del Mar, donde Javiera Mena participó por primera vez. “Fue una experiencia muy potente. La estoy analizando hasta el día de hoy. Yo nunca había estado tan expuesta a la televisión o los programas de farándula. Al principio me chocó pero después me fui acostumbrando. Es un mundo muy distinto a la escena indie de donde yo vengo”, admitió.
Desde los comienzos de su carrera Javiera se reconoció públicamente como lesbiana y habló con sinceridad sobre el consumo de drogas. “Para mí fue muy natural hablar de estas cosas”, dice ahora. “Tal vez en otros países no hubiera sido tanto tema como fue un Chile, que recién se está abriendo de esa cosa tan conservadora que cargamos. En Chile me ha tocado ser punta de flecha. Creo que soy la primera mujer pública que ha admitido que es homosexual. Esas cosas me han dado fama de transgresora, pero en mi medio, donde yo me muevo, son cosas muy naturales”, comentó. “Yo me considero una compositora, no soy una activista gay ni mucho menos, pero sin quererlo quedé posicionada en ese lugar. Creo que mucha gente tenía ganas de que mi voz se escuchara en ese sentido. Pero yo no sólo defiendo la diversidad sexual, sino la diversidad en todo sentido”, concluyó.