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"Jamás se logrará un nivel cero de delito, pero trabajamos para bajarlo"

El comisario José Luis Amaya asumió la semana pasada como jefe del flamante Nodo 4 de la policía provincial, la nueva distribución administrativa y geográfica de la fuerza en Santa Fe.

Domingo 28 de Diciembre de 2014

El comisario José Luis Amaya asumió la semana pasada como jefe del flamante Nodo 4 de la policía provincial, la nueva distribución administrativa y geográfica que el Ministerio de Seguridad santafesino dispuso para la fuerza. La "vieja" Unidad Regional II en la que asumió como titular el pasado 7 de enero dejará de existir en pocos meses y sus funciones como jefe se extenderán más allá de los límites del departamento Rosario. No obstante "los nuevos y difíciles desafíos que eso implica", el alto oficial se mostró esperanzado de que con "un trabajo en equipo se podrán lograr los objetivos trazados por el poder político, que no son otros que solidificar la institución hacia adentro y mejorar la imagen hacia afuera acercándonos cada vez más al ciudadano". Aunque afirmó que "jamás se podrá lograr un nivel cero de delito", Amaya dijo que sí será posible "ir bajando los índices delictivos con más presencia de hombres y mujeres en las calles". Y en ese marco, no dejó de analizar "el complejo trabajo de educación que se debe hacer hacia los jóvenes que se integran a la fuerza y que provienen de una sociedad carente de vocación policial".

      Llega fin de año y es hora de balances. ¿Cuál es el suyo tras un año al frente de la Unidad Regional II?

— En lo que respecta a lo personal el balance es positivo. Y lo divido en dos cuestiones básicas: desde lo institucional, es decir cuando hablo de la fuerza puertas adentro; y desde lo social, o sea qué respuestas le hemos dado a la gente. En este año al frente de la Unidad Regional II creo que hemos cumplido los principales objetivos que nos trazamos institucionalmente. Lo primero que hicimos fue tratar de fortalecernos hacia adentro de la estructura, cubriendo cada espacio con gente preparada y honesta para poder salir luego a la calle a dar las respuestas que la gente pedía y pide a gritos. Entonces nos esforzamos en mejorar la imagen hacia afuera, entablar y reconstruir una relación con la sociedad que estaba cortada por distintas circunstancias. En este sentido, creo que lo estamos logrando. Buscamos aumenar la cantidad de policías en la calle, que se note la presencia preventiva de nuestros hombres y mujeres. Y eso se logró en parte gracias a la reglamentación y actualización del sistema de horas extras que permite optimizar los recursos humanos, que no se han incrementado en gran número pero que permiten marcar mayor presencia en Rosario. Y digo que no se han incrementado en gran número porque se van incorporando nuevos agentes pero formarlos no es cosa de un día para el otro.

     Cuando usted habla de formar policías se refiere, entre otras cosas, a que no usen el celular mientras cumplen con sus tareas preventivas de caminantes, algo que muchos vecinos critican a diario.

— Eso es una parte de la formación. Creo que los policias que están saliendo a la calle son producto de la misma sociedad en la que viven, crecen y se educan los demás jóvenes y eso no se alcanza a comprender. El famoso tema del celular que genera tantas protestas es así como usted lo plantea, pero es mucho más grave que si lo hiciera cualquier otro joven porque ellos llevan un arma en la cintura, son funcionarios públicos y deben estar expectantes para la prevención del delito, no distraídos en un dispositivo móvil. Y en eso estamos trabajando. Son jóvenes a los que hay que formar como policías y después concientizarlos para que entiendan que su función, a pesar de su edad, tiene una responsabilidad distinta a la de los otros jóvenes.

      Esa situación suele darse también dentro de las comisarías, donde muchas veces la gente se queja de la desidia con la que es atendida.

— Es verdad, no podemos permitir que la mayor presencia en la calle, que da una nueva imagan a la sociedad, se desvirtúe puertas adentro de una seccional con agentes que no responden a los requerimientos de los ciudadanos. Tenemos que producir un cambio cultural en los nuevos policías. La directiva es hacer academia con los jóvenes y que esos jóvenes se identifiquen ante el ciudadano y lo atiendan cordialmente cuando llegan a las comisarías, seguramente en un estado de vulnerabilidad tras ser víctima de un delito.

      Influye en estas situaciones la falta de vocación de los nuevos policías y la procedencia de los mismos, muchos de ellos oriundos de ciudades o pueblos lejanos a Rosario.

— Sí, influye. Y en eso también estamos trabajando. Cuando yo entré a la policía el 80 por ciento lo hacíamos por vocación o por herencia familiar. Hoy la ecuación es al revés. Y encima en el sur no hay muchos jóvenes que quieran sumarse a la fuerza lo que nos obliga a traer muchachos de otros lugares a los que no sólo hay que formar sino también hacerles conocer la ciudad y que cuando estén caminando en su labor de patrullaje lo hagan en prevención del delito y no mirando las vidrieras que en sus pueblos no tienen.

      A pesar de la mayor presencia de agentes en las calles los índices delictivos siguen muy altos. ¿A qué se debe?

— Para hablar de índices delictivos debemos recurrir a las estadísticas y en eso creo que ha habido importantes avances. Le puedo dar números de armas secuestradas (718), de vehículos robados y recuperados (823), de la cantidad de detenciones (más de 7 mil) y todo eso gracias al trabajo de la policía a lo largo del año. En este lapso de transformación hay mas presencia, pero tener delito cero es imposible. Y las entraderas, aunque cueste decirlo, seguiran existiendo como los arrebatos y otros delitos menores porque no podemos poner un policía en cada esquina. Nosotros bregamos para que estos números bajen y entendemos que en algun aspecto han bajado, pero aún resta mucho por hacer.

    ¿Y respecto al número de homicidios?

— En este sentido hemos superado en algunos aspectos los números del año pasado (NdeR: 2013 cerró con 264 crímenes y hasta ayer en Rosario había 244), pero fundamentalmente en lo que tiene que ver con hechos interpersonales, intrafamiliares o vecinales. Y en eso lo que aumentó considerablemente es la violencia, la irracionalidad. Antes, un incidente de tránsito se arreglaba con un insulto. Ahora un conductor saca un arma y mata al otro. Hoy una persona irracional le quita la vida a otro porque uno es de Central y el otro de Newell's, porque tiene el volúmen de la música muy alto o por cualquier motivo. Y ahí esta la consecuencia del alto número de homicidios. Los crímenes interpersonales van en escalada y tiene que ver con esa violencia que también se da dentro de las familias. Al respecto, la madrugada de Navidad nos llamó la atención que muchos de los hechos violentos que hubo, más alla del homicidio registrado, se dieron dentro de grupos familiares o de vecinos.

     ¿Cómo se establecerán los nuevos Nodos y cuáles serán sus funciones?

— A partir de los recientes nombramientos empezamos a trabajar en el armado de las nuevas estructuras y eso nos llevará un par de meses. Ya no nos limitaremos a trabajar en el departamento Rosario sino que nos extenderemos a otros departamentos (San Lorenzo, Villa Constitución, Caseros, San Jerónimo, San Martín y Belgrano), algunos de los cuales serán abarcados en su totalidad y otros en parte.

Pero son departamentos muy complejos, con particularidades específicas y con ciudades que tienen características delictuales deterimandas para las cuales habrá que trazar objetivos diferentes. No es lo mismo el cordón industrial de la zona norte o de la zona sur de Rosario, que la zona limítrofe con Buenos Aires o el corredor “turístico” que comprende Funes y Roldán para el cual ya pusimos en marcha el plan Verano 2015 con mayor patrullaje en la zona de casas de fin de semana. Por ahora, en cada uno de esos sectores habrá jefes provisorios y en los próximos meses se nombrarán a los nuevos inspectores zonales que controlarán cada una de esas áreas geográficas.

   — El año 2015 puede encontrar a la provincia con la retirada de las fuerzas federales que llegaron en abril. ¿Está preparada la policía santafesina para afrontar sola el panorama local?

   — Considero que sí. Una de las cuestiones de transformacion que se va dando al interior de la fuerza tiene que ver con los lineamientos políticos para la especialización en algunas cuestiones como es la Policía de Investigaciones para actuar ante los delitos de envergadura, la Policía Comunitaria que se acerca al vecino en distintos barrios y la Policía de Acción Táctica que es la que está presente en la calle. Eso para nosotros es fundamental y ahí se ve el trabajo conjunto de la fuerza. El tener un abordaje distinto desde esos tres espacios es muy importante y nos permitirá un mejor trabajo si las fuerzas federales se retiran.

   — A lo largo del año hubo varias denuncias contra integrantes de la policía por maltratos e incluso por la desaparición forzada de un joven, Franco Casco. ¿Cuál es su visión al respecto?

   — El caso Casco (el chico que llegó a Rosario para visitar a sus familiares, fue detenido en la seccional 7ª y después de perderse su rastro por tres semanas su cuerpo apareció flotando en el río) está en manos de la Justicia y de Asuntos Internos. Esperamos que la investigación permita determinar si hubo responsabilidades y se tomarán las medidas y sanciones del caso. No dudo que hubo, hay y habrá malos policías como hay gente mala en cualquier trabajo o profesión. Pero cuando un policía traspasa los límites de lo legal y delinque nosotros no dudamos y lo ponemos a disposición de la Justicia. Aunque también queremos que se sepa que hay muchos más policías de bajos rangos que cumplen con su trabajo, que salen a la calle a detener, a prevenir, a patrullar en barrio aún hostiles y difíciles. Eso debe ser valorizado y destacado porque aunque sea la base de nuestro trabajo es lo que va a cambiar la imagen de la institución.

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