Ir a cenar sale cada vez más caro: robaron otro restaurante
Al parecer, la saga de atracos a restaurantes y parrillas no se detiene. El martes a la noche, en escasos cinco minutos, tres hombres desvalijaron a unos 30 comensales de una parrilla de la zona ribereña central y se llevaron la recaudación del negocio. Con este hecho ya son tres tobos casi idénticos en las últimas dos semanas a negocios del rubro gastronómico: el domingo 25 de octubre en la parrilla de Sorrento y Mazza; y el 28 fue en un restaurante de Río de Janeiro y San Juan.

Jueves 05 de Noviembre de 2009

Al parecer, la saga de atracos a restaurantes y parrillas no se detiene. El martes a la noche, en escasos cinco minutos, tres hombres desvalijaron a unos 30 comensales de una parrilla de la zona ribereña central y se llevaron la recaudación del negocio. Con este hecho ya son tres tobos casi idénticos en las últimas dos semanas a negocios del rubro gastronómico: el domingo 25 de octubre en la parrilla de Sorrento y Mazza; y el 28 fue en un restaurante de Río de Janeiro y San Juan.

El último atraco ocurrió el martes a la noche en Cuernavaca, en bulevar Oroño y Rivadavia. Alrededor de las 23, unos 30 clientes degustaban sus cenas. En una de las mesas estaba Patricia, una médica generalista de 46 años, y tres amigas de la misma profesión. "Yo estaba sentada de espalda a la puerta de entrada sobre Oroño cuando aparecieron los tipos", explicó la mujer a La Capital.

Los intrusos no ejercieron violencia ni tampoco intimidaron a las víctimas. Patricia comentó que giró su cuerpo y distinguió a dos jóvenes que entraron al negocio: un muchacho de unos 25 años que exhibió un revólver y tenía la voz de mando del trío de maleantes. Junto a él había un adolescente de unos 17 años vestido con un buzo negro con capucha y que llevaba una mochila del mismo color. Al tercer maleante la mujer no lo pudo ver.

Los malhechores tenían sus tareas asignadas. El jefe se dirigió a la caja y le exigió la recaudación al encargado. Entonces, 5 mil pesos fueron a parar al bolsillo del ladrón que "exhibía el arma pero no nos encañonaba a nosotros. La apuntaba hacia arriba", indicó la médica.

Se llevaron todo.Desde su posición, en uno de los extremos del negocio, el líder de la banda controlaba a los comensales mientras gritaba: "Queremos todo lo que tengan. Dinero, teléfonos celulares, anillos y relojes. Entonces su socio adolescente se acercó a las mesas y continuó el trabajo delictivo. En un tono de voz apenas audible, comenzó a pedirles a cada uno de los comensales sus pertenencias. "Yo tenía 330 pesos en un bolsillo del pantalón, pero solamente puse 200 sobre la mesa. Después saqué el celular de la cartera y se lo di", explicó la profesional.

Dos de sus tres amigas tampoco se salvaron del atraco. Una de ellas entregó una billetera con 350 pesos y un aparato móvil. La otra médica solamente resignó unos 30 pesos. Y la cuarta profesional zafó del robo porque no tenía efectivo encima y los ladrones no se llevaron las tarjetas de crédito. También los caballeros que estaban en el local fueron asaltados. A uno de los mozos los ladrones le quitaron el reloj y a un cliente lo despojaron de la billetera.

Patricia contó que, en medio del atraco, un empleado del restaurante se contactó con el 911 para denunciar el robo. "El muchacho vio cuando entraron (por los ladrones) y se escondió en la cocina", comentó. Sin embargo, según la mujer, la patrulla policial demoró unos quince minutos en arribar al negocio. Ya para entonces, los ladrones se habían esfumado en dos motos de alta cilindrada.