Martes 31 de Agosto de 2010
Hermes y Horacio: nos conocemos. El pasado jueves viví un episodio que merece ser relatado, para que ustedes se pongan a pensar. Cada vez que a mi casa traen algo vía delivery, luego de pagar les digo: chicos los espero hasta que se vayan porque tengo miedo que les roben. Y el pasado jueves por la noche, mientras pronunciaba exactamente esa frase, y el chico guardaba la plata en su billetera, paró una moto con dos "masculinos" (idioma policial), revólver en mano, a asaltarlo. Nunca abro la puerta y recibo lo que me traen por una ventanita. Intenté cerrarla y no pude, me agaché en lugar de correr hacia atrás, porque no me bancaba dejar a ese chico solo en la vereda, indefenso, a merced de los asaltantes. En un breve lapso escuché que la moto se iba y espié. Vi la moto del delivery en mi vereda, pero no vi al chico que había traído mi pedido. Los asaltantes se habían ido. Por esa ventanita comencé a gritar buscando a este chico y no aparecía. De pronto Julia (ustedes la conocen) me acerca el teléfono y me dice hablá. A Julia la recuerdan. Tiene hoy veintiséis años y síndrome de Down. Me dice "hablá" en tono imperativo. Del otro lado una voz me dice: "¿Qué pasa?, ustedes llamaron a emergencia policial, al 911". Relato lo sucedido y me dicen "está en camino una patrulla". Julia les dijo: "Nos quieren robar, no corten", y me pasó el teléfono. Y en pocos minutos llegaron dos móviles con cuatro efectivos policiales de la patrulla urbana. El chico del delivery, con gran reflejo, advirtió que iban a robarle, sacó la llave de la moto y corrió hacia la esquina, La Paz y Presidente Roca, y justo venía un taxi y se subió al mismo para escapar. (22.10 del día 25 de agosto). Reflexiones: 1) Julia consiguió que el 911 la atienda de inmediato (yo no lo logré el pasado 31 de diciembre durante 40 minutos); 2) el chico del delivery encontró un taxi en cuanto llegó a la esquina (segundo milagro); 3) frente a mis gritos sólo salió una pareja de jóvenes que viven aproximadamente a 30 metros de mi casa; 4) recibimos un trato correcto de la policía, entre ellos un efectivo que además cumple tareas en mi lugar de trabajo y que me reconoció cuando se iba. Preguntas: 1) Hermes y Horacio, ¿qué piensan hacer?; 2) señores jueces: ¿qué pasa? También fui víctima el pasado 13 de octubre de un asalto con toma de rehenes durante casi dos horas en manos de un delincuente con salidas diarias transitorias y con abultado prontuario; 3) a quienes no denuncian porque se cansaron de perder tiempo para que nada se aclare les digo, si no hay denuncias las estadísticas muestran que el nivel de delitos no es importante. Final: a Julia le he enseñado infinitas cosas para que sea autoválida. Nunca le hablé del 911. Una nena Down inmediatamente tomó un teléfono, corrió hacia el fondo de la casa y llamó a la policía. Le pregunté cómo, por qué, como conocía el 911. Me dijo: "Miro televisión, está lleno de choros, yo quise salvarte la vida, a vos y a este chico que trajo comida". Conclusión: un chico Down se da cuenta de lo que está pasando. ¿Esto es una sensación?
Silvia Fernández León