Viernes 17 de Diciembre de 2010
Esto que cuento demuestra qué tan desprotegido estamos en esta sociedad no sólo los humanos sino también nuestros animales. Existe un Colegio de Veterinarios en la ciudad de Rosario, cabecera de la 2ª circunscripción. Si se ingresa a la página de Internet del mismo se puede ver a los veterinarios matriculados. Separados los que se encuentran en actividad y los suspendidos. Hace poco una familia que tenÍa un perro con algunos inconvenientes de salud (cuyo único síntoma era falta de apetito) consultó a una veterinaria (con local a la calle) pero no le daba una respuesta satisfactoria y por ese motivo consultó a otro veterinario (también con local a la calle) el que le dio un diagnóstico y un tratamiento. Pero el animal no sólo no mejoraba sino que se deterioraba más su salud. Ante la falta de respuesta al tratamiento que le habían dado y la desesperación de ver que su perro en dos semanas no mejoraba, la dueña del animal ingresó en la página para buscar la dirección de un veterinario que le habían recomendado personas amigas. Se encontró con los dos listados que le mencioné. De pura curiosidad revisó el listado de los veterinarios suspendidos y se llevó la gran sorpresa que los dos que atendían a su perro estaban suspendidos. Se comunicó con el colegio para que le dijeran las razones de las suspensiones. La señorita que la atendió le manifestó que había consultado y el abogado del colegio le indicó que el pedido de informe debía ser por escrito, eso fue el día 29. El día 30 lograron que otro veterinario atendiera al perro, lo revisaron y le dijeron que tenía ictericia (estaba amarillo), le indicaron análisis, que dieron malos resultados en lo referente a la zona hepática. El domingo 31 de octubre el perro se murió ante la mirada de su familia, quien a la fecha no sabe qué tuvo verdaderamente. Se preguntan, ¿cómo los veterinarios que lo atendieron no advirtieron que el animal tenía ictericia?, hecho que sólo se puede advertir en los animales revisándolos en lugares que sólo los veterinarios pueden observar. No es visible como en el caso del humano, y con un diagnóstico a tiempo se hubiera podido salvarlo. Sólo bastaron 15 días para que un perro aparentemente sano se muriera ante la impotencia de quienes lo querían. Se preguntan, ¿cómo puede ser que dos veterinarios suspendidos en su matrícula atiendan normalmente sin que nadie los controle? El Colegio de Veterinarios, a quien se pone en conocimiento de este hecho, ¿los protege? ¿Esto es un comercio? ¿Se lucra con la salud de nuestras mascotas?
Josefina Laguna