¿Qué pasa entre la Luna y Marte?
Conozco a la luna nueva desde que mi abuela salía al patio a buscarla en el cielo y mostrándole su monederito flaco le decía: "¡Luna, Luna: dame fortuna, desgracia ninguna!". Con el tiempo uno deja de mirar el cielo y baja la vista para no pisar cacas en las veredas.

Jueves 17 de Septiembre de 2009

Conozco a la luna nueva desde que mi abuela salía al patio a buscarla en el cielo y mostrándole su monederito flaco le decía: "¡Luna, Luna: dame fortuna, desgracia ninguna!". Con el tiempo uno deja de mirar el cielo y baja la vista para no pisar cacas en las veredas. Lejos de proyectar la frente hacia la altura, uno descubre de soslayo en los reflejos de las vidrieras por donde pasa que se nos va encorvando la figura. Al no apuntar hacia el cielo, no advertimos que llegaron las primeras golondrinas en vuelos de reconocimiento; tampoco vemos las bandadas de pájaros que cruzan sobre la ciudad muy arriba y otras lindas cosas que suceden en lo alto. Sin embargo, he vuelto a contemplar en estas noches a aquella luna nueva que sigue pasando hacia el oeste mientras, de pronto, subiendo desde el río para instalarse en lugar destacado, aparece el mismísimo Marte, tan brillante como suele serlo Venus. Se ha desorientado la Luna al advertir al otro por detrás y teme que quiera quitarle protagonismo. Varias noches se ha repetido: ella yendo hacia el oeste; él siguiéndola despacio hasta que, de improviso, en una operación sorpresa, es ella la que surge, luminosa y llena, a espaldas del intruso. Tal vez se dé cuenta que el otro está muy lejos de su alcance y si se ha acercado a la Tierra lo ha hecho sólo como lo hace al cabo de centurias. Lo mismo, eso la perturba. Marte sigue arriba y la Luna, impotente, va perdiendo de a poco redondez. Por cualquier cosa, recomendaría vigilar a ambos por un tiempo. No hace falta ir a un observatorio o planetario. Basta con salir al patio o subir a la terraza.

Pablo Kuhn,

pabkuhn@arnet.com.ar