Viernes 02 de Marzo de 2012
¿Qué es un acto de violencia? Puede decirse que es el que se lleva a cabo fuera de lo natural y de toda razón y justicia y al respecto es de unánime convencimiento que los hechos de tal naturaleza acaecen con mayor frecuencia y gravedad en los países con notorios problemas sociales y culturales. En lo que respecta a nuestro país, a pesar de su nivel, la gente está preocupada por lo que ocurre desde no hace muchos años a esta parte por los robos en los que participan personas cada vez de menor edad. Al respecto se leen y escuchan las más disímiles soluciones. Algunas sugieren, entre otras medidas, un mejor accionar de los organismos represivos y de control, una mayor severidad por parte de los jueces, disminución de la edad de impunidad de los infractores, cumplimiento real de las condenas, hasta llegar a la aplicación de la pena de muerte. Con relación a los problemas en general, siempre hay alguna razón primordial o fundamental que los genera a la cual hay que encontrar para que todo se termine y en este caso es la que se intentará ahora delinear aquí. Por supuesto que también se debe recurrir a adecuados y urgentes paliativos para atemperar los daños que se están generando sin que eso signifique una solución definitiva. No se necesita apelar a ninguna autoridad para convencerse de que una persona actúa de acuerdo a lo que le dicta su conciencia que está en consonancia con su forma de pensar y de sentir, cual es la resultante de la educación que ha recibido, del ejemplo de sus padres y de la influencia que asimiló proveniente de la sociedad a la cual pertenece. La educación pública o privada, en todo el mundo, debería brindarse a niños y adultos no sólo para generar personas receptoras de conocimientos informativos sino primordialmente para hacerlas capaces de discernir adecuadamente a fin de que puedan generar sensibilidad y afecto, virtudes que están en potencia en lo más profundo de nuestro ser y cuyo despertar es quizás una de las fundamentales razones de la existencia humana. Por otra parte, la ayuda en dinero que el Estado puede brindar tiende a transformarse a menudo en un recurso demagógico que en definitiva conduce a lograr votos. Lo más razonable y justo es generar en el pueblo el amor al trabajo, que es la antesala del talento y la creatividad. Las leyes y disposiciones vigentes deben ser cumplidas sin excepción pues la tolerancia injustificada tiende a generar un inconsciente colectivo que conduce a que cada uno actúe de acuerdo a su propia conveniencia, lo cual es el comienzo de anormalidades y violencias que luego serán muy difíciles de erradicar. Si estas convicciones, que no son novedosas sino tan viejas como la humanidad, fueran compartidas públicamente aparecerían gobernantes libres de intereses personales y alejados de proyectos belicistas o fastuosos con lo cual el dinero ahora malgastado podría ser invertido en una adecuada educación. Así la humanidad dejaría prontamente de ser generadora de injusticias tal como ahora la conocemos.
Pedro S. Tavacca