¿Por qué mueren los viejos?
La respuesta al interrogante no revelará por qué mueren los viejos antes de tiempo; en qué forma se les permite morir, y mucho menos aceptar que las enfermedades (en la vejez), podrían ser provocadas por desamparo...

Sábado 10 de Septiembre de 2011

La respuesta al interrogante no revelará por qué mueren los viejos antes de tiempo; en qué forma se les permite morir, y mucho menos aceptar que las enfermedades (en la vejez), podrían ser provocadas por desamparo y el sentimiento de abandono, ya que la sutileza de estas humanas actitudes no son mensuradas y gozan de impunidad. La vejez no constituye enfermedad pero con frecuencia, familiares y médicos después recurren al clarividente diagnóstico de: “son cosas propias de la vejez”, que explicaría síntomas, signos e incluso la muerte todo al mismo tiempo. La autoridad que dan mis años y la profesión que ejerzo asegura que todos los días en casi todas las muertes y padecimientos por enfermedad, la dignidad es arrebatada. Se pierde en la agonía que genera escuchar y no poder decir porque quienes rodean al que está por morir carecen del conocimiento que lo ayude a elaborar sus miedos, o ponerse de acuerdo con el Dios de su entendimiento. También se avasalla la dignidad a corazones afligidos que enfrentan la traumática experiencia de exponer la desnudez del cuerpo en salas hospitalarias sin que un diálogo misericordioso atenúe la vergüenza por la intimidad violada. El sistema de salud no es tan humanista como debiera, ni como aparenta. El jubileo promocionado como premio al esfuerzo de una etapa de vida es una trampa mortal para muchos crédulos que “descubrirán tarde”, la pérdida del protagonismo que les permitía ser útiles al sistema y asimismos. La temprana cancelación de la capacidad creativa y la temida soledad, aceleran el implacable proceso de morir. Es posible que Dios pudo haber rozado con el dedo nuestro ADN concediendo su potestad de crear y destruir al mismo tiempo e incluyendo que al dejar de tener sentido este potencial, el marcador genético, ordene “eliminación”. Trascender es la pulsión directriz de la naturaleza humana. Quizá alguna vez una inteligencia abierta descubra que la decrepitud del hombre subyace en su carne, pero el alma está en permanente gestación y tanta energía acumulada en días de gloria podría ser útil para corregir la preocupante ineptitud ejecutiva en los ámbitos de nuestra sociedad. "...Nadie es tan viejo como para que después de un día no espere otro día…” Seneca, epístola XII.

Roberto Luis Taltavull  / DNI 8.291.768