Lunes 15 de Marzo de 2010
Me siento un espectador pasivo e ignorado de la más fenomenal guerra política que he visto en mis 49 años. Una guerra en la cual los ciudadanos ya la perdimos sin disparar un solo tiro. Somos testigos de la ferocidad en su más alta expresión, donde la ausencia de códigos éticos y sociales es moneda corriente. Siento una vergüenza terrible al no poder explicar a mis hijos por qué elegimos como país el camino más peligroso de transitar: mentiras, estafas, calumnias, persecuciones, descrédito, agravios, insultos, trampas y agresiones son los hechos que marcan una constante de la política de esta época, y una clase de dirigentes y opositores de la más baja estofa e inteligencia desde el 83 en adelante. ¿De verdad no merecemos más que esto?
Jorge Giovagnoli,
j_giovagnoli@hotmail.com