¿Empleada pública?
El viernes 22 de enero tuve la ocasión de visitar la delegación local del Sedronar. El motivo era la presentación de una carta. A priori era un trámite simple y rápido: sellan la copia y listo.

Lunes 25 de Enero de 2010

El viernes 22 de enero tuve la ocasión de visitar la delegación local del Sedronar. El motivo era la presentación de una carta. A priori era un trámite simple y rápido: sellan la copia y listo. Sin embargo, me encuentro con Natalia P., única empleada de la oficina, y todo cambia. Golpeo la puerta (abierta) y me pide que aguarde fuera de su oficina. La espera no estuvo tan mal, hay varios poster que informan acerca del vino argentino y aprendí algunas cosas no útiles pero interesantes. Pasados los diez minutos me arrimo a la puerta y me entero de que Natalia se compró un bolso muy lindo, con quien pasó las fiestas y un problema con un colectivero y demás. Me acerco de nuevo y me dice (con cara de estar operando a corazón abierto) que espere afuera. Luego, al atenderme, me dice que es su oficina y que ella pone las reglas, me advierte que si quiere no recibe los papeles y que si habla de la vida con alguien tengo que esperarla. ¿Empleado público? Natalia cree que es su oficina, no una delegación del Sedronar. Se muestra prepotente como para amenazar con no hacer su trabajo, como si fuera un favor el hacerlo y no su compromiso laboral. Y, lo más interesante, piensa que está para hablar de la vida con la gente que, en realidad, tiene que servir. Esto no es más que un ejemplo (bien claro) de lo que a muchos nos pasa en oficinas públicas. Es poco lo que se puede hacer con estas conductas. Al menos se puede compartir y comunicar la propia experiencia y el mal momento vivido.

Gabriel Bortnik

donbita@hotmail.com