Viernes 26 de Febrero de 2010
Me encontraba en una librería de la ciudad, hojeando libros, cuando doy con uno bellísimo, por su contenido y presentación. Me pareció un poco caro y no disponía de ese monto en ese momento ($320) y lo dejé con gran dolor. Al día siguiente recibo el nuevo impuesto inmobiliario (el último fue de 133 pesos y este es de $318) y me surgió un razonamiento casero; ¿qué hay detrás de ese libro que dejé en la librería? Seguramente años de investigación, una vida consagrada a saber siempre más y volcarlo a la comunidad, sacrificio económico por falta de apoyo, una joyita lograda después de tantos años. Volviendo a la realidad, ¿qué hay detrás del impuesto inmobiliario? Nada o sólo avidez fiscal, un agujero negro donde va todo lo recaudado y retorna poco o nada a la población. Retomando el razonamiento casero y apelando al sentido común llegué a la conclusión de que alimentaré mi intelecto y mi alma con un excelente libro y dejaré de mantener un sistema estatal que crece día a día y no parece saciarse jamás. De más está decir que estoy al día con dicho impuesto.
Inés Sánchez Almeyra