¿Deporte u oficio?
El matrimonio no es un deporte amateur, sino un verdadero oficio; oficio de dar la vida, oficio maternal por excelencia, razón por la que, al decir de Alfonso El Sabio, se lo llama matrimonio y no patrimonio (Partida IV, Tomo II, Ley 2).

Viernes 18 de Diciembre de 2009

El matrimonio no es un deporte amateur, sino un verdadero oficio; oficio de dar la vida, oficio maternal por excelencia, razón por la que, al decir de Alfonso El Sabio, se lo llama matrimonio y no patrimonio (Partida IV, Tomo II, Ley 2). Para ejercer su oficio maternal, la mujer necesita la "semilla" que proviene del sexo contrario. De ahí que todas las legislaciones del mundo hayan reconocido, desde el inicio de la civilización, el fundamento del matrimonio en "la unión del hombre y de la mujer para perpetuar la especie". Para merecer el nombre de matrimonio, la pareja humana debe ser idónea, tener capacidad generativa (artículo 16, Constitución nacional). Una pareja homosexual jamás podrá generar vida por su propia naturaleza estéril e infecunda, careciendo por ende de idoneidad para ejercer el oficio matrimonial. Cuando el señor Esteban Paulón (en la sección Opinión, de La Capital, del día 10/12/09) pretende que "los mismos derechos deben ser reconocidos con los mismos nombres", incurre en un error garrafal, pues pretende amparar dos situaciones jurídicas distintas, bajo el mismo paraguas que las normativas de orden público nacional e internacional imponen y amparan a las parejas heterosexuales en aras de la procreación. Siendo así, la pretensión incurriría en arbitrariedad, nulificando su decisión por amparar un manifiesto abuso del derecho en los términos de los artículos 943, 953, 1071 y 1078, del Código Civil.

José Simón Perisset,

LE 6.160.807