Sábado 14 de Abril de 2012
En Rosario, el barrio Alberdi tiene el privilegio de poseer la más bella de las "bajadas"; la emblemática José Nicolás Puccio, llamada así en homenaje al creador de Pueblo Alberdi. La Bajada Puccio que corre de este a oeste entre la avenida Costanera Carrasco y la calle J. C. Paz, pasa por debajo del tradicional puente de Alvarez Thomas (Ortiz Grognet), y tiene al oriente la magnífica vista del río, constituyendo una de las más hermosas postales de la urbe rosarina. Pero está descuidada, con baches que se tornaron peligrosos porque para esquivarlos los automovilistas desvían a la mano contraria. ¿Ningún funcionario municipal los ve? ¿No hay algún concejal que los haya observado? Los inspectores de Tránsito y/o la Guardia Urbana ¿no informan sobre el particular? ¿Acaso los responsables del bacheo no se hacen eco de los informes recibidos? Desde J. C. Paz hasta el bulevar Rondeau, la "bajada" continúa su recorrido en terreno horizontal y con la configuración de avenida, completando un tramo totalmente adoquinado; fiel amigo de la Iglesia, el hospital, los colegios religiosos, las dos plazoletas sur y norte que dan sobre las calles Herrera y Superí; y la legendaria rambla que allí, en la confluencia con la costanera fue uno de los sitios bailables más famosos de la ciudad. Esa característica del adoquinado ha planteado dos opiniones encontradas: Mientras unos sostienen que los antiguos adoquines deben ser reemplazados por el pavimento, otros piensan que la vieja calzada le da un encanto especial a la arteria, y una seguridad adicional para el desplazamiento de los vehículos que bajan hacia la costanera. Los detractores de la resistente piedra de granito dicen que no dejan un tornillo firme en los automóviles. De ser así, en algunos casos inducirían a disminuir un poco la velocidad; cosa que no vendría del todo mal. En fin; creo que el adoquinado le da a la Puccio un aspecto romántico, en consonancia con la cercana presencia de nuestro mayor símbolo litoraleño: El río Paraná; "el pariente del mar". Claro que si el gobierno municipal decide mantener ese tradicional tipo de superficie, debiera reparar inmediatamente los baches que cada tanto se producen y limpiar algunos sectores manchados con brea, de manera que el adoquinado luzca reluciente; una forma, además, de honrar la memoria de don José Nicolás Puccio. Y si usted quiere que me defina, lo hago; prefiero el adoquinado, eso sí, en perfectas condiciones.
Edgardo Urraco