Inundaciones: lo peor está por venir
Cambio climático. El autor propone una serie de acciones a llevar a cabo por los gobiernos para contrarrestar las peligrosas modificaciones que el medio ambiente impone a las cuencas hídricas de la provincia.

Jueves 10 de Septiembre de 2015

Las recientes inundaciones en la provincia Santa Fe -con su secuela de evacuados, 100.000 hectáreas bajo el agua, ocho rutas cortadas y puentes derribados- , han vuelto a poner en el escenario este flagelo.

Es poco sabido que Argentina es uno de los países del mundo más afectados por este fenómeno. La Región Nordeste del país, como consecuencia de ser atravesada por uno de los ríos más importantes del planeta y las llanuras de la Región Centro, por sus características, son las zonas más castigadas.

Dentro de esta dura realidad, nuestra provincia es una de las más vulnerables.

En los últimos cincuenta años, grandes centros urbanos -como Santa Fe y Rosario-, valiosas zonas agrícolas del sur y centro de la provincia, o los bajos submeridionales en el norte provincial, sufrieron fenómenos climáticos desoladores.

Súmese a esa realidad la erosión que produce el río Paraná sobre sus barrancas, las cuales en nuestra ciudad están seriamente comprometidas: el informe técnico presentado al juez sobre la caída del muelle de Parque España, tiene información más que preocupante sobre este tema. Lamentablemente, el magistrado (luego funcionario provincial) archivó la causa por "prescripción del delito".

En la búsqueda de una respuesta a los problemas generados en la provincia por las catástrofes, en diciembre del 2003, al inicio de su mandato, el gobernador Obeid creó el Ministerio de Asuntos Hídricos para tener una respuesta jerarquizada a la problemática planteada. Se dotó al mismo de presupuesto, personal, y equipamiento.

Tras asumir Binner, el ministerio fue degradado a secretaría, y pasó -junto con la EPE y AP- a ser parte del Ministerio de Aguas, Servicios y Medio Ambiente, en una decisión muy difícil de entender y de resultados negativos.

Hoy, ante cada inundación, funcionarios y expertos explican a los ciudadanos los distintos factores que originan el fenómeno: el cambio climático -que origina más lluvias en menos tiempo originando desborde de arroyo o ríos- , los canales clandestinos y caminos rurales que llevan el agua hacia las zonas urbanas, el efecto de la siembre directa cuando no hay rotación de cultivos, la falta de obras —canalizaciones y represas—, el afincamiento de pobladores en terrenos inundables y seguramente algunas razones más.

Ahora bien, el cambio climático no tiene solución a corto ni a mediano plazo. Si bien China y EEUU y Alemania, principales contaminadores del medio ambiente, parecen estar tomando conciencia del daño que hacen y se proponen bajar los índices de contaminación, la solución del problema está lejana.

Entretanto, el drama sigue. El calentamiento global del planeta traerá consecuencias cada ves más penosas. Preparémonos, lo peor está por venir.

Hay muchas cosas que se puede y deben hacer. En primer lugar, es necesaria una toma de conciencia colectiva de los efectos que causan las catástrofes. Esto vale tanto para las autoridades como para la sociedad que debe empezar a implicarse en la solución de los problemas.

En segundo lugar, efectivizar la planificación de la obras a realizar. En nuestra provincia tenemos profesionales de primer nivel para resolver este tipo de problemas. Mas allá de la Secretaría a la que redujeron Binner/Bonfatti al Ministerio, existe en la ciudad de Santa Fe una Facultad de Ingeniería y Ciencias Hídricas proveedora de profesionales de excelente nivel; y la provincia cuenta, además, con la Regional Litoral del Instituto Nacional del Agua, conducidos por técnicos destacados, como el ingeniero De Paoli. No es por falta de profesionales en la materia que no hay estrategias y planificación para enfrentar el problema

Pero la situación fundamental que queda sin resolver es la financiación de las obras.

No hay prepuesto provincial que se pueda hacer cargo del problema, la magnitud de las obras a realizar excede largamente las posibilidades provinciales. A esto hay que sumarle, según denuncias de legisladores, la subejecución de presupuesto de la obra hídrica. El Instituto de Desarrollo Regional a informado que, en nuestra provincia, en el quinquenio 2009-2013 solo se ejecutó menos del 50 por ciento de las partidas para la obra pública provincial. La derivación de los fondos destinados a obras públicas a otras áreas complica la solución del problema.

Respecto del Fondo Hídrico, puesto en marcha por el presidente Duhalde en el 2002, esta resultando insuficiente, a pesar que recauda el 5 por ciento sobre el valor base de las naftas y el GNC. Los 1900 millones de pesos (cifra aproximada) anuales que se recaudarán este año, no logran abastecer los montos necesario para realizar las obras que se necesitan en todo el país.

Por último, está la financiación internacional. Revisando la página oficial de la provincia vemos que es prácticamente inexistente. Hay muy pocas obras en ejecución con financiamiento externo. Aparece publicado un pedido de ayuda, para consultoría, de 0.6 millones de dólares, otro para la estabilización de la cascada del Saladillo, gestión que lleva ya muchos años, y finalmente la obra de protección de Santa Fe la vieja en Cayastá.

En cambio, si revisamos los portales del Banco Mundial nos encontramos un crédito de 130 millones de dólares para las obras del Arroyo Maldonado, prestados al gobierno de Macri, con garantía del gobierno nacional. Más el ya conocido de 8oo millones de dólares prestados por el BID para la cuenca Matanzas-Riachuelo.

En cualquier caso, queda claro que una fuerte acción sobre la mejor asignación de recursos y su ejecución es imprescindible a la hora de asegurar soluciones, porque es difícil conseguir dinero del Fondo Hídrico si no se usa el propio en las obras presupuestadas.

De todos modos debería estudiarse, a nivel nacional, la opción de subir el porcentaje de la tasa que se cobra , destinada al Fondo a fin de mejorar la fuente de financiación.

En cuanto a la financiación internacional, es imprescindible crear un grupo de trabajo, integrado por expertos, argentinos y extranjeros, trabajando en este tema. Hoy, la provincia no lo tiene: las consecuencias están a la vista. Se trata no solo de operar sobre las fuentes tradicionales de crédito -BID, BM, CAF-, sino sobre Rusia, China y la UE.

Solucionar los problemas originados por el cambio climático y la erosión únicamente será posible mejorando en todos los puntos señalados de la gestión del gobierno provincial.

 

Alberto Joaquín (*) Ex Ministro de Asuntos Hídricos