Intromisiones
El circo de la cotidianeidad no deja día sin sorpresas, por lo que sea, por las cosas buenas y las cosas malas.

Lunes 20 de Febrero de 2017

El circo de la cotidianeidad no deja día sin sorpresas, por lo que sea, por las cosas buenas y las cosas malas. No importa, nadie rechaza el eterno combustible de lo novedoso para mantener el asombro a mano. Desde ya que se va a preferir por siempre tener una alegría, como encontrarse por la calle con un viejo amigo, o embarcarse en una debate esclarecedor con un compañero de trabajo. Hasta que aparece el eterno meterete que de súbito tiene una cosa importantísima (sólo para él) que consultar a alguno de los dos charlistas. No es raro que pase. Rosario es un pueblo grande con un montón de circulos conectados en algún punto.

Vos sabés que hace rato yo te quiero preguntar algo.

El tipo irrumpe en la conversación con total desparpajo y rompe el hilo de los pensamientos de sus flamantes y muy forzados interlocutores convencidísimo que el destinatario de su reclamo no puede dejar pasar un instante sin enterarse qué lo atormenta desde "hace rato".

No contento con su intromisión destemplada, empieza a exponer sobre las incógnitas que dispararon su intervención y suma al tercero (al que antes habilitó con una mueca de sonrisa si no lo conoce, y ni siquiera eso si es amigo) a la pretendida discusión que solo a él le interesa.

Dan ganas de pedirle que vuelva a la primaria a recordar (o aprender) modales.

Lo hace sin darse cuenta, no quiere herir ni despreciar a nadie. No hay que enojarse. Ni siquiera pagarle con la misma moneda. Total, ya encontrará alguien que cuando le diga vos sabés que hace rato yo te quiero preguntar algo, le responda yo no, pero vamos a tomar un café. Todo lo que está detrás de un pero, no existe.