Intolerancia: ¿hasta cuándo?
A raíz de algunas modestas notas sobre temas de actualidad, que amablemente La Capital me publicó como carta de lectores, me han llamado telefónica y anónimamente para preguntarme "quién me paga", y cuando les respondo: "Ansés, porque soy jubilado", me insultan y me atribuyen filiaciones políticas partidarias...

Martes 22 de Marzo de 2011

A raíz de algunas modestas notas sobre temas de actualidad, que amablemente La Capital me publicó como carta de lectores, me han llamado telefónica y anónimamente para preguntarme "quién me paga", y cuando les respondo: "Ansés, porque soy jubilado", me insultan y me atribuyen filiaciones políticas partidarias que nada tienen que ver con mi pensamiento y acciones, que por otro lado son conocidas y públicas. Estos síntomas de intolerancia me preocupan pero no me infunden temor, porque la usina de donde provienen no pueden modificar el pensamiento de la sociedad, ni tapar los problemas existentes. Y aunque ensayen gestos o acciones de obsecuencias políticas, esos problemas los deberemos ir resolviendo entre todos con una participación activa creciente y en la que firmemente creo como reaseguro de una democracia madura, firme, consolidada y democrática. Desde la agresión de la calle, cada día más complicada por la saturación vehicular y en la que las personas grandes ven limitados sus desplazamientos, desde la falta de planificación del crecimiento urbanístico, desde las idas y venidas en las acciones que se toman (caso bicicletas de calle Salta), hasta las construcciones costeras sin límites, Rosario sigue "creciendo" en anarquía, descontrol y camino al colapso del transporte de pasajeros en ómnibus, taxis o del pedal. Mientras no se encare una planificación seria y responsable sobre los problemas de la ciudad, se modifiquen las presiones de los grupos de poder económico sobre los planes urbanísticos, se siga construyendo en propiedad horizontal sin controles y se camine en el borde de la cornisa, seguiré señalando que "progreso" debería ser mejor calidad de vida y mejor calidad de vida se logra sin contaminación, con una ciudad ventilada, limpia y desplazamientos cómodos de su población, hoy privada de un sistema de transporte público adecuado.

Angel Contestí