Infracciones de tránsito
Las pretendidas justificaciones a una deleznable costumbre protagonizada por numerosos conductores, en este caso el estacionamiento de autos y motos sobre las veredas, deben ser desechadas en su totalidad.

Martes 05 de Febrero de 2013

Las pretendidas justificaciones a una deleznable costumbre protagonizada por numerosos conductores, en este caso el estacionamiento de autos y motos sobre las veredas, deben ser desechadas en su totalidad. Tales faltas, como todas las infracciones a las reglas que rigen el tránsito vehicular, responden a un común denominador: el total desapego a las normas de convivencia por parte de sus autores. Esta característica, inherente a "nuestro ser nacional", se pone de manifiesto con toda crudeza en una actividad, la conducción vehicular, que para alcanzar un óptimo desenvolvimiento requiere de cada uno de sus protagonistas (conductores y peatones) una actitud de absoluto respeto hacia sus semejantes. Como es sabido, ese objetivo se concreta mediante el pleno acatamiento de la normativa aplicable. En ocasiones la observación de las temerarias e irresponsables maniobras de algunos conductores (salida de los lugares de estacionamiento sin prestar atención a la circulación de otros vehículos, cambios imprevistos de carril, indiferencia a la normativa relativa a las prioridades de paso, circulación en contramano o por la vereda, utilización de telefonía celular en plena marcha, entre otras), genera en el espectador la sensación de que los autores de estas irregularidades padecen elevados índices de autismo. La realidad es que tales sujetos tienen plena conciencia de las infracciones que cometen, pero igual las llevan a cabo. Se combinan, en distintas dosis, la indiferencia y la perversidad. La única medicina con efectos preventivos y curativos a esa patología comprende dos aspectos: el educativo y la sanción. La tarea educativa es la que debe ocupar el lugar preponderante. Para alcanzar eficacia requiere de continuidad, difusión y actualización de contenidos. Las diversas puniciones (multas, secuestro de vehículos, suspensiones o privaciones de licencias) constituyen la respuesta inevitable a la contumacia de los infractores. Resultan un complemento necesario a la formación educativa. Su finalidad es principalmente disuasiva e igualmente correctiva. Lamentablemente, los gobernantes de turno priorizan las sanciones pecuniarias descuidando lo esencial. El incumplimiento sistemático a las normas de tránsito resulta una atractiva fuente de ingresos para las siempre alicaídas finanzas municipales y comunales. En ese contexto, poco importa el elevado índice de infracciones, aunque las consecuencias puedan ser fatales.

Enríque Jorge Arévalo / DNI 10.189.789