Increíble pero cierto
El 17 de julio de 2008 el vicepresidente de la Nación le propinó al gobierno nacional un durísimo golpe al apoyar con su voto no positivo los intereses de la corporación agropecuaria. Muchos especularon con la inevitable caída de Cristina y su reemplazo por Julio Cobos, transformado por el monopolio mediático en el paladín de la causa antikirchnerista.

Lunes 23 de Agosto de 2010

El 17 de julio de 2008 el vicepresidente de la Nación le propinó al gobierno nacional un durísimo golpe al apoyar con su voto no positivo los intereses de la corporación agropecuaria. Muchos especularon con la inevitable caída de Cristina y su reemplazo por Julio Cobos, transformado por el monopolio mediático en el paladín de la causa antikirchnerista. Sin embargo, el gobierno nacional se recuperó. De julio a diciembre de ese año el Congreso aprobó importantes leyes (la reestatización de las AFJP, por ejemplo) ante la pasividad de una oposición que daba por descontado el fin del kirchnerismo. Pese a la recuperación de la iniciativa política, el gobierno nacional no pudo impedir la derrota electoral el 28 de junio de 2009. Nuevamente pareció que Cristina se derrumbaba. La mayoría parlamentaria con que contaba el oficialismo desde octubre de 2007 había desaparecido y la oposición emergía como la gran triunfadora. El 10 de diciembre, día en que prestaron juramento los legisladores electos el 28 de junio, fue presentado por el monopolio mediático como un verdadero punto de inflexión. Con un Congreso adverso Cristina se vería en la dramática disyuntiva de aceptar la nueva realidad política o dar un paso al costado, especularon algunos desde las sombras. El conflicto que mantuvo el gobierno nacional con Martín Redrado durante el verano de 2010 pareció ser el principio del fin del kirchnerismo. Sin embargo, la presidenta inauguró las sesiones ordinarias del Congreso el 1º de marzo y, delante de la Asamblea Legislativa, se negó a darse por vencida. A partir de ese momento se pensó que la oposición lanzaría una feroz embestida aprovechando su poderío parlamentario. Sin embargo, hasta ahora ha sido incapaz de aprobar una sola ley contraria al gobierno nacional. Desde marzo que el Congreso, por habilidad del oficialismo pero fundamentalmente por impericia de la oposición, no se transformó, como muchos esperaron, en una fuerza de choque capaz de imponer a Cristina la "agenda". La única ley relevante que el Congreso sancionó en estos primeros meses de labor parlamentaria fue la que consagró el matrimonio igualitario, arduamente defendida por Cristina. Los continuos roces entre las principales figuras de la oposición no hicieron más que agigantar la figura presidencial, a tal punto que, como acaba de informar Poliarquía Consultores, un 46 por ciento del pueblo aprueba en general la marcha del gobierno nacional, algo inimaginable a comienzos de este año. Este dato no hace más que confirmar algo increíble pero cierto: que el matrimonio presidencial está en condiciones de ganar las elecciones presidenciales del año que viene en primera vuelta. La buena marcha de la economía y, fundamentalmente, la inexistencia de una oposición seria y responsable pueden hacer realidad lo que parecía un imposible.

Hernán Andrés Kruse

hkruse@fibertel.com.ar