Lunes 11 de Mayo de 2009
El pasado viernes 8 del mayo, a las 20, caminaba por peatonal Córdoba con tres amigos. A esa hora, podrán imaginarse la cantidad de gente que había en la calle. En un momento me percaté de la remera de un señor que se paseaba con su mujer y su hijo a mi lado: llevaba una remera negra con la foto de Hitler y una esvástica gigante. Le pregunté indignado por qué llevaba esa remera, y me contestó: "Porque estoy en mi derecho". La gente parecía no darse cuenta del hecho, nadie hacía, ni decía nada. Esto me indignó aún más y me llevó a gritarle pidiéndole, si no una discusión, al menos una mínima explicación. Pero su único gesto fue detenerse, mirarme a los ojos y amenazarme con que si no me callaba me iba a matar, su mujer lo calmó. Así caminamos dos cuadras más, mientras yo llamaba a los peatones a reaccionar. Algunos le decían algo y él gozaba de la impunidad social que hay en Argentina: tenía una sonrisa gigante, una mezcla de sarcasmo, odio e ingenuidad. Hasta donde tengo entendido el uso de esvásticas está prohibido, pero más allá de las leyes judiciales, creo que en estos casos están primero las valores morales que nos enseñó la historia (y acá no hay subjetividad que valga) y los valores morales deben ser ejercidos por las personas. Más tristeza e impotencia me dieron los peatones que lejos de hacer o decir algo se detenían a reírse de la situación. Y más patético aún fue un grupito de jóvenes que se acercó a "defenderlo" expresando que "los nazis tenían huevos y vendrían bien en este país". Nunca creí que me pudiera pasar un hecho tan novelesco como éste, pero sé que suceden a menudo en todas las ciudades del mundo. Este señor sólo llevaba una remera, pero en muchos lugares existen grupos nazis que salen armados a "combatir y limpiar" la ciudad. Debemos estar todos más atentos y actuar, antes de que sea tarde.
Fidel Maguna,
fido_ricotero@hotmail.com