Jueves 01 de Marzo de 2012
Cada vez que sucede un hecho dramático o aberrante que sacude a la opinión pública, el gobierno busca un chivo expiatorio que permita a los responsables del poder político sacarse el lazo del cuello. Es una práctica sistemática que puede confirmarse leyendo los diarios y revistas de los últimos nueve años. En la reciente dramática tragedia ferroviaria, se intenta hacer lo mismo: el gobierno se declara querellante y no responsable como lo es. Parece ser que el chivo será el empresario en contubernio con los funcionarios del poder, al que alimentaban con subsidios corruptivos y sin control, y ya con los hechos a la vista también podríamos calificarlos de homicidas. Cuando se anunció el tren bala, la sociedad entendió mal, quisieron decir las balas de trenes que matan. También es cómplice el juez que utiliza artilugios para proteger al ex secretario de Transporte, que usufructuó las dispensas mal habidas del que en cuestión de horas, de amigo carnal pasó a ser un empresario sombrío.
Emilio Zuccalá
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