Viernes 30 de Diciembre de 2011
Cuando el fin de año se acerca existe una tendencia de realizar un balance o reflexión de múltiples órdenes; afectivo, social, económico y personal, del año que fenece. No es para nada fácil evaluar logros y fracasos como si fuera el debe y el haber del balance de una empresa. Las alegrías y tristezas no se pueden justipreciar en moneda corriente ni contabilizarse como pérdidas o ganancias. La finalización del año nos concede la oportunidad de un tiempo de introspección único e individual. Allí reside, en la opinión del que escribe, la posibilidad de evaluar de acuerdo a valores y principios propios, los anhelos, esperanzas, proyectos atesorados en nuestro imaginario. Es mirarnos hacia adentro a través de una autenticidad que no admite concesiones. Siempre habrá algo que no pudimos o no supimos llevar a cabo, y casi siempre el tiempo futuro nos dará la oportunidad para realizarlo. Como sujetos sociales, somos sensibles a nuestro entorno que nos influye, condiciona y al cual no podemos sustraernos. Sin embargo, conservando una mirada subjetiva propia, basada en lo expresado anteriormente, se podrá llegar a conclusiones personales que enriquecerán nuestra experiencia. El impulso vital que nos moviliza en una búsqueda permanente de respuestas a interrogantes, dudas, incertidumbres puede convertirse en el factótum de cambio que nos guié a tratar de ser mejor personas.
Alejo Vercesi