Impotencia y dolor
Necesitamos compartir con la comunidad nuestra experiencia familiar con un residencial para adultos mayores. Tomar la decisión de internar a un abuelo compromete su dignidad como paciente, el amor familiar y la confianza que tendrá que construirse entre la institución y la familia.

Domingo 04 de Diciembre de 2011

Necesitamos compartir con la comunidad nuestra experiencia familiar con un residencial para adultos mayores. Tomar la decisión de internar a un abuelo compromete su dignidad como paciente, el amor familiar y la confianza que tendrá que construirse entre la institución y la familia. ¿Qué nos sedujo del lugar elegido? El aspecto agradable, higiénico, la garantía de adaptación mutua y el funcionamiento de actividades con la modalidad de un "Taller de Vida". El resto, no se muestra, y es eso lo que importa. Quien padece Alzheimer no puede transmitirnos con precisión lo que vive. Situaciones de maltrato producidas por aislamiento, sujeción permanente, sobremedicación, falta de precaución clínica, escasez de personal de asistencia y retaceo de información son los oscuros descubrimientos que va haciendo la familia en el acompañamiento diario.

Hablar con el equipo médico (psiquiatra, médica clínica) queda limitado a la decisión del gerente (dueño). La pregunta y la necesidad de saber, molestan. En ese contexto fue que mi padre, que entró caminando y pudiendo comunicarse, en una semana no volvió a pararse, ni hablar y tampoco podía alimentarse, falleciendo a los veinte días de internado en ese lugar. Debido a un shock séptico por neumonía broncoaspirativa vivió sus últimas horas en terapia intensiva. A la familia sólo nos queda la impotencia de no haber podido actuar más temprano que tarde.

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