Imágenes y semejanzas en Casa Rosada
La irrupción de nuevos actores en el espacio público de la Nación crea siempre ciertas incomodidades que pugnan con la estética conservadora. El decaimiento en el verdor de las cuatro palmeras yatay...

Martes 12 de Enero de 2016

La irrupción de nuevos actores en el espacio público de la Nación crea siempre ciertas incomodidades que pugnan con la estética conservadora. El decaimiento en el verdor de las cuatro palmeras yatay del Patio de las Palmeras de la Casa Rosada se le achaca a las frecuentes realizaciones de los "patios militantes" convocados por la ex presidenta CFK (La Capital, 28/12/15, p.2), en donde los jóvenes militantes de las diversas agrupaciones kirchneristas las habrían orinado tal como lo hacen los amigos de Joan Manuel Serrat, que son unos desahogados que orinan en la mitad de la vereda. Acaso fueron menos procaces y por cierto más ecológicos los trabajadores que con camisas o despojados de ellas al llegar a la plaza del Congreso, muchos de ellos refrescaron sus pies en sus fuentes aquel cálido 17 de octubre de 1945, provocando la indignación de la oposición "culta" de entonces. Los modales de urbanidad no son el fuerte de las congregaciones tumultuosas y menos cuando éstas se despiertan de ciclos que las han omitido o ignorado. La "Historia Argentina" ("La democracia constitucional y sus crisis", Cantón, Moreno y Ciria), registra el testimonio vivido por Carlos Ibarguren que brinda una colorida imagen de la Casa Rosada en el gobierno de un radicalismo épico, transformador, intenso: la primera presidencia de Irigoyen. Refiere la fuente citada que "el espectáculo que presentaba la Casa de Gobierno era pintoresco y bullicioso; como en un hormiguero la gente, en su mayoría mal trajeada, entrababa y salía hablando y gesticulando con fuerza, que esa algarabía era más propia de comité en víspera electorales que de la sede de gobierno". El humo de los cigarrillos y las escupidas en el piso no dañaban felizmente a las arecáceas en épocas del gobierno irigoyenista, y cuenta aquel político historiador que en una sala de espera pudo "ver allí un conjunto de personas de las más distintas cataduras: una mujer de humilde condición con un chiquillo en los brazos, un mulato en camiseta, calzado con alpargatas, que fumaba y escupía sin cesar, un señor de edad que parecía funcionario jubilado, dos jóvenes radicales que conversaban con vehemencia de política con un criollo medio viejo de tez curtida, al parecer campesino por su indumentaria y su acento". Ni la "catadura" de los humildes observados allí, ni la escasez de ropa que jamás vestiría el público "culto" desmerecieron la memorable neutralidad argentina en la Primera Guerra Mundial, por mencionar tan sólo un aspecto —el internacional— de las políticas públicas del yrigoyenismo. Tampoco las imágenes de los tumultos y sus recurrentes semejanzas, que suelen fastidiar la calma conservadora son de por sí un mal presagio para las sociedades, porque como sostenía Maquiavelo, en "Discursos sobre la primera década de Tito Livio": "No se puede tildar de desordenada a una república con alguna razón, cuando hay tantos ejemplos de virtud, porque los buenos ejemplos nacen de la buena educación, la buena educación de las buenas leyes y las buenas leyes de esos tumultos, a los que muchos condenan con desconsideración".

José Albrizio / DNI 7.685.289