Sábado 16 de Junio de 2012
En estos días en que tanto se habla de dólares y pesificación, se me ocurrió pensar que si a muchas personas (entre las que me cuento) le preguntaran de pronto qué imagen tiene un determinado billete de curso legal, en el anverso o en el reverso, contestarían que no la recuerdan. Es que el papel moneda pasa por las manos de la gente sin que se preste atención a los próceres, edificios y monumentos que fueron elegidos para integrar el complejo diseño de esos papeles que representan un plácido pasar, un "vivir al día", o una dramática subsistencia. Si alguna vez todos los ciudadanos de la Argentina vivieran con sus necesidades existenciales satisfechas, si los pueblos originarios y la juventud sin esperanza de hoy alcanzaran los ansiados niveles de una vida digna y pudieran disponer de la cantidad de billetes que determina una clara condición de bienestar económico, la gente ¿prestaría mayor atención a los símbolos de esos billetes? Yo creo que no, los codiciados papeles seguirían tan maltratados como siempre; tan garabateados y pegados con cinta transparente como actualmente. Por eso me parece que imprimir la imagen de próceres en el papel moneda o de distintas personalidades (como el doctor Favaloro) tal como se ha sugerido últimamente, constituye un homenaje bien intencionado pero poco feliz; casi una irreverencia por la indiferencia que la mayoría demuestra. Habría que dejar las imágenes de los prohombres argentinos para los libros, diarios y revistas poniendo en los billetes fotos de nuestros bellos paisajes, árboles, flores, pájaros, caballos criollos o tradicionales instrumentos musicales. O también haciendo un diseño sólo en base a filigranas y arabescos, entre los que se destaque el valor del billete que en definitiva, es lo que más importa en estos instrumentos de pagos.
Edgardo Urraco