Igual un burro que un gran profesor
Leyendo la letra del tango Cambalache, uno advierte que Discépolo fue un profeta, y de los buenos: vio con anticipación la gravedad de los males éticos y sociales que observara en su tiempo: “Vivimos revolcaos en un merengue...

Martes 21 de Septiembre de 2010

Leyendo la letra del tango Cambalache, uno advierte que Discépolo fue un profeta, y de los buenos: vio con anticipación la gravedad de los males éticos y sociales que observara en su tiempo: “Vivimos revolcaos en un merengue y en el mismo lodo todos manoseaos"; “¡hoy resulta que es lo mismo ser derecho que traidor!". Es tan fácil acusar, murmurar o prejuzgar a otros, llamar crisis a lo que es corrupción, libertad de expresión a la agresión verbal, que la cabeza de los adolescentes se suma al merengue social. Luego, les exigimos que piensen con lógica, sean prudentes al actuar, no cometan excesos y estudien sin distraerse. ¿Será posible eso? ¿Existe algún lugar donde el encuentro interpersonal, el diálogo sincero y la propuesta gradual del saber los ayuden? Sí, ese lugar existe, no es un paraíso, es la escuela posible para la educación necesaria. Y allí se encuentran con los profesores. Los profesores del nivel medio y superior no somos héroes, ni nos hacemos las víctimas, simplemente, con una fuerte dosis de esperanza y constancia acompañamos la educación integral de los adolescentes, desde febrero hasta diciembre, estando con ellos en clase y corrigiendo o planificando el trabajo en casa (dicho esto para quienes ignoran nuestro quehacer). El 17 de septiembre fue el Día del Profesor. Evocamos a José Manuel Estrada, y deseamos que los burros no nos nivelen hacia abajo, nuestros sueldos sean mejorados por justicia y se valore la docencia, ya que la Patria y las familias nos confían diariamente su futuro.


Profesor Carlos Alberto Robledo,
DNI. 14.509.377