Jueves 29 de Enero de 2009
Mientras escribo estas líneas, escucho la lluvia que golpetea en el toldo de mi patio. Un sonido delicioso y deseado. Con esta lluvia, que si bien no disminuye la emergencia agropecuaria ni la sequía que afecta la región más húmeda del país, al menos llega un alivio. Uno, que es bicho de ciudad y no de campo, desconoce mucho de la actividad agropecuaria. Lo poco que uno sabe es la importancia que tiene el agua en los cultivos, al menos, por lo que se ha podido experimentar con las macetas que uno tiene en casa. El cambio climático, producto en gran parte de la irresponsabilidad humana y la avaricia de unos pocos, es un tema del que se habla desde hace años. Entonces, la sequía no es un tema nuevo. En muchos países llevan adelante sus cultivos a través del riego artificial, cuando la naturaleza no es benigna. ¿Por qué no plantean ese tema los productores agropecuarios de nuestro país? ¿Por qué lo único que reclaman es retenciones cero, subsidios y no obras hídricas? ¿Por qué no piden créditos para instalar sistemas de riego en sus campos? Parece que la única solución o acción que tienen a la vista es lagrimear, reclamar, cuestionar, mendigar. Ah, también muestran vaquitas famélicas y agonizantes ante las cámaras. Cualquier actividad productiva necesita inversión, a veces con ganancias inmediatas y otras con resultados a largo plazo. Sistemas de riego, humedales, lagunas artificiales son inversiones a largo plazo que los dirigentes del campo parecen desconocer. Pero claro, uno es un bicho de ciudad.
Gustavo Rosa