Lunes 19 de Octubre de 2009
Cuando el "Grupo Quijote" da las charlas en las escuelas sobre la lucha contra las drogas, hablando con los niños y adolescentes, una de las principales causas que expone es la falta de cohesión familiar, la desestructuración de la misma y la falta de comunicación entre sus miembros. El amor que debería llenar agujeros negros de esas almas, que buscan el placer en otros caminos, está ausente. Mi carta es a esas madres de chicos adictos. A las que son en parte culpables porque los dejan a su libre albedrío sin guiarlos, empiecen a quererlos como se merecen, con respeto, escuchándolos, estando con ellos, llenándolos de amor y besos. Es lo que reclaman a gritos. Esos chicos le piden amor en vez de agresiones, y toda mamá tiene la capacidad de hacerlo. Sería un gran remedio para esa cruel y mortal enfermedad. A las otras mamás que se ocupan, se preocupan y piden ayuda por ellos, que no cedan, que tengan fuerza día a día para llenarlos con amor. Hay que tapar ese agujero para que la droga no tenga cabida. Y ese chico va a salir. Sin dudas. A la peor de las drogas se la combate con lo mejor: el amor, la valorización, el proyecto compartido, el beso, el cariño. Al resto de las madres que tienen la dicha de que sus hijos no sean adictos, sigan así: están haciendo el trabajo muy bien. Un gran beso para todas ellas. En especial a mi madre, que no hay otra igual, la que aún se preocupa porque no llamo o me sigue cuidando a pesar de sus 75 pirulos. Es el amor único e incondicional. ¡Gracias, vieja!
Sergio Barrile,
sergiobarrile@yahoo.com.ar