Viernes 28 de Enero de 2011
Gloria a Dios en la alturas, y en la tierra paz a los hombres, y benditas las manos de aquel que las usa para salvar vidas.
A ustedes queridos doctores Gustavo Marcucci y Eduardo Nacusse, permítanme llamarlos así porque mi agradecimiento es tan grande que cualquier calificativo sería ínfimo para exaltar tanta grandeza de espíritu. Por el respeto, el don de gente, la dedicación absoluta y el amor inconmensurable que ustedes manifiestan por sus pacientes. Quisiera expresar de mil maneras mi gratitud, pero creo que un ¡gracias! y un ¡mil gracias! encierran todo mi sentir, que será eterno. Los saludo doctores invocando a Dios, para que siempre guíe sus manos e ilumine sus entendimientos, gente como ustedes merecen una mención especial, pequeña y humilde, pero de todo corazón, esta es la mía. Felicitaciones, por sus apostolados en el arte de curar.
Hortencia Chavez de Caferra
LC 3.761.280