Lunes 05 de Mayo de 2014
Suele suceder que el ser humano incorpora o adopta su ideología basándose en determinadas doctrinas políticas, religiosas o deportivas como una forma de pertenencia a determinado grupo social con el cual se siente integrado y respaldado. Esto sería aceptable si esa integración no derivara en los clásicos fanatismos. Fanático es aquél que tiene una convicción absoluta y procura imponerla a los demás. Por éso no dialoga, sólo puede monologar. Dialogar implica reconocer la existencia de más de un logos (más de una razón única). Issaía Berlín plantea la "teoría de las verdades contrapuestas", estableciendo que una verdad, no necesariamente invalida a otra que la contradiga. Hace aproximadamente un año en una carta de lectores que escribí, objetaba distintos puntos de la Iglesia y religiones en general, que me parecían contradictorios con su accionar. Como respuesta fue publicada la carta de un abogado que no exponía razones, sino apuntaba a que la religión estaba basada en la "verdad" (muchos para enfatizar ésto citan versículos y La Biblia como verdades inobjetables) y que me abstuviera de seguir escribiendo sobre el tema. La historia muestra que en todas las religiones se cometieron atrocidades en nombre de Dios. Por supuesto que dejé de escribir del tema, no por coacción, sino, para no herir susceptibilidades de gente que no tiene un pensamiento crítico y asume su "verdad" como universal. Mientras, comenté otros temas que me parecen interesantes para dialogar. El pensamiento crítico es el antídoto contra el fanatismo, es el instrumento intelectual que permite forjar la tolerancia. En el amor hacia el ser humano se aprende a aceptar lo distinto: otras ideologías y formas de vivir que son ajenos a nuestra elección de vida. Opto por ver lo negativo y positivo de cada ideología, estoy abierta al intercambio enriquecedor de ideas, y fundamento las mías. No acepto imposiciones, ni ideas sin justificaciones, mi vida transcurre en un marco ético y no profeso religiones. No soy otro ladrillo en la pared. Vuelvo al tema porque leí una carta: "Críticas para el Padre Ignacio" donde le recriminan su postura con respecto al matrimonio igualitario. Termina su carta diciendo "por supuesto, que uno no puede juzgar, el juicio corresponde sólo a Dios, pero uno no puede dejar de enseñar la verdad que va siempre unida a la caridad. Dios tiene un gran respeto por la libertad del hombre…". El padre Ignacio es un hombre, ergo, deduzco que Dios respeta la libertad de su pensamiento y el amor y la caridad que profesa a todos sus semejantes sin discriminaciones. No deja de asombrarme la contradicción de una Iglesia que predica caridad y no acepta "lo diferente" y como explica el lector "es la enseñanza de la Iglesia por 2.000 años".
Silvia Buonamico