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"Identificarse es lo que despierta la solidaridad"

¿Qué hace que los gestos solidarios se multipliquen casi infinitamente ante un hecho trágico como fue la explosión del edificio de Salta 2141 y otros no menos trágicos permanezcan...

Jueves 19 de Septiembre de 2013

¿Qué hace que los gestos solidarios se multipliquen casi infinitamente ante un hecho trágico como fue la explosión del edificio de Salta 2141 y otros no menos trágicos permanezcan indiferentes? ¿O que un reclamo de Justicia sea acompañado solidariamente por miles de almas y otro quede reducido al núcleo familiar que sufrió la pérdida? Para el médico psiquiatra y psicoanalista José Eduardo Abadi es "la empatía y la identificación con los que padecen lo que despierta el espíritu solidario y la voluntad de asistencia", mientras que "la distancia permite cerrar los ojos cómplicemente y postergar el compromiso".

Abadi propone trabajar en el fortalecimiento de "una solidaridad moderna" que no es caritativa, y que construye redes de contención y de asistencia ante las situaciones de emergencias.

El especialista, que además es escritor, dramaturgo y todos los domingos se pone al frente de su programa "Secretos del Espejo" en Radio La Red, estará hoy en el Teatro La Comedia, donde hablará de "El sentido de la vida: La conquista de uno mismo", acompañado por Juan Carlos Picasso, director del Centro Adventista de Vida Sana de Entre Ríos (ver aparte).

—Una de las primeras cosas que usted plantea es "la construcción del sentido de la vida", alejada de la idea del sentido de la vida como una revelación o una iluminación.

—Tiene que ver con tejer nuestro propio argumento y nuestro propio proyecto, con desarrollar las capacidades que se necesitan para relacionarnos con el otro, el prójimo, el semejante; porque indefectiblemente la posibilidad de llegar a ser uno mismo está ligada al registro y a la presencia del otro. Entonces, ir encontrando la motivación, el amor por el mundo y por el otro, desplegar condiciones que hacen a la felicidad, como son el amor, la libertad, la imaginación, el placer y la pregunta, es lo que va permitiendo construir nuestro yo. Eso nos lanza hacia el horizonte de lo que queremos y nos marca cómo alcanzarlo.

—No es entonces una construcción que deje de lado la mirada colectiva.

—Incluye desde los otros más cercanos hasta el colectivo más amplio. Esta posibilidad de desarrollar potencialidades y de crecer tiene que ver también con los otros; eso le da un para qué y una dimensión espiritual que no siempre es religiosa. Algo que es muy importante es correrse de la teoría omnipotente para ubicar el vínculo con el otro en el centro del mundo.

—En esa construcción que tiene que incluir al otro, usted plantea a la indiferencia como principal obstáculo ¿Qué hace que hechos trágicos como la explosión del 6 de agosto pasado despierten infinidad de gestos solidarios, y otros no de tanta magnitud, pero no por eso menos trágicos, se pierdan en la indiferencia?

—Cuando hay una identificación que nos permite tener una empatía con quienes padecen esa situación se despierta el sentimiento solidario y la voluntad de asistencia; en cambio, cuando hay una distancia que nos permite cómplicemente cerrar los ojos, postergamos el compromiso. En la empatía hago mío lo que le pasa al otro, si no se produce una distancia en lo afectivo que hace que no se ponga en marcha la acción.

—No me identifico, entonces la invisibilizo.

—Podemos saber que algo está sucediendo, pero como no me identifico y no hay empatía, es casi como un conocimiento intelectual. No lo vemos. Haciendo una extrapolación, en el sentido clásico griego, la idea de conocimiento estaba ligada a la posibilidad de ver y lo que se veía era lo que se conocía. Entonces podríamos decir, desplazándolo a esta pregunta, que nos involucramos sobre lo que alcanzamos a ver; lo que no vemos, lo negamos y nos distanciamos.

—Además, usted habla de una solidaridad moderna y madura.

—Hay en todo esto un ámbito que tiene que ver con la madurez de una comunidad y con el ejercicio de ciertas pautas que hacen al registro del otro, que hace que se construyan y establece espacios, organizaciones, instituciones y mecanismos para que haya una red de contención y de asistencia que hagan que no sea necesaria la solidaridad caritativa, sino esa solidaridad madura y moderna donde aparecen los recursos que la sociedad dispone para que sean utilizados en situaciones de emergencia. La solidaridad moderna plantea que «te doy para que ganemos los dos», mientras que la caridad es «te doy para que zafes de la emergencia» y a mi se me vaya la culpa. La madurez está en que seamos capaces de crear una sociedad que tenga en su arquitectura misma los engranajes para activar los mecanismos de asistencia.

—Usted habla de una dimensión espiritual y justamente la charla en Rosario la va a dar junto con el pastor adventista Juan Carlos Picasso. ¿Cómo se combinan las experiencias de cada uno al frente de la charla?

—Lo que tenemos en común es la idea de que la mirada está dirigida justamente hacia la posibilidad de dar. La idea de que dar enriquece, que tener registro del otro me da sentido y me da existencia; y que no voy a lograr tener armonía interna si no busco construir ese argumento que le dará sentido a mi vida si no logro entrar en relación con la mujer, los hombres, los amigos y los otros. Todo eso, aceptando mi transitoriedad, mi condición humana y mi finitud como algo valioso y que nos otorga peso específico; porque ligada a la aceptación de nuestra condición humana y de nuestra finitud, está nuestra condición de ser partes de un todo; y en la medida en que nos aceptamos así adquirimos una densidad espiritual y material que nos permiten vivir en un mundo mejor. Por eso tenemos que insistir en no fracasar en el trabajo de convertir el mundo y la vida en un lugar para crecer.

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