Jueves 17 de Marzo de 2011
¿Una crisis nuclear? Nadie la ha vivido ni sabe cómo responder a ella. Las balas al menos se oyen pasar, a veces desde una distancia imprudente. Pero la radiación ni se ve ni se huele. Y es esa incertidumbre lo que ha hecho perder los nervios incluso a los más experimentados reporteros.
Los hay que abandonaron ayer el epicentro del desastre en un ataque de pánico. Algunos han acumulado provisiones y se niegan a salir de la habitación de su hotel, temerosos de ser contaminados.
Periodistas que seguían en Sendai intercambiaban mensajes y llamadas, hubo reuniones y discusiones telefónicas con los jefes para decidir si había llegado el momento de poner tierra de por medio. Richard Jones, un experimentado fotógrafo británico que vive en Japón, describía así el ambiente: "Los hay que han entrado en un estado de histerismo, otros estamos razonablemente preocupados y alguno que ni se inmuta". Hay una regla no escrita a la hora de cubrir un desastre natural: no te quejes de tu situación, de no lavarte en días, dormir en cualquier sitio o interrumpir la crónica cada vez que una réplica del sismo te mueve de la silla. Te rodean miles de personas que están mucho peor que tú, que han perdido seres queridos y no tienen hogar. Tú, después de todo, terminarás tu trabajo y te marcharás a casa. Ellos se quedan".
"Me largo y tú deberías hacer lo mismo", me dice un colega estadounidense mientras carga el ordenador, la cámara y los bultos en el coche que le llevará lejos de aquí. "No me pagan suficiente para esto".