Hoy no es el Día del Niño
"A esta hora exactamente hay un niño en la calle". Estas palabras despiertan en mí dos sensaciones: la de dolor por la dramática vigencia que tiene "Canción para un niño en la calle"; y la de admiración por la poesía elevada, comprometida y antológica de su autor, el desaparecido poeta mendocino Armando Tejada Gómez (aquel a quien por las tardes de sol y alamedas, San Juan se le volvía tonada en la voz).

Domingo 29 de Julio de 2012

"A esta hora exactamente hay un niño en la calle". Estas palabras despiertan en mí dos sensaciones: la de dolor por la dramática vigencia que tiene "Canción para un niño en la calle"; y la de admiración por la poesía elevada, comprometida y antológica de su autor, el desaparecido poeta mendocino Armando Tejada Gómez (aquel a quien por las tardes de sol y alamedas, San Juan se le volvía tonada en la voz). Los Derechos del Niño son teóricamente irreprochables pero hacer que se cumplan es responsabilidad de los mayores, que en muchos casos hemos fracasado. Por eso, cada vez que vemos a un chico mendigando o cobrando unos centavos por cuidar un automóvil, aunque nos hagamos los distraídos una luz roja de culpa se enciende en nuestro conocimiento interior. Quizás, si el quehacer del padre Santidrián y de otros como él pudiera multiplicarse por cien o por mil, la problemática del niño mejoraría. Claro que no es cuestión de transferir a un religioso, a una escuela o a una vecinal un tema tan complejo que requiere un tratamiento multidisciplinario. En procura de una solución que cada día se torna más imperiosa en virtud de los peligros que acechan en cada esquina, debieran concurrir el sentido común, la moral, la religión, la política, las instituciones públicas y privadas, y aquellas personas que cuando ven a una nena o a un pibito pidiendo una moneda entre los autos de una avenida, sienten que, al decir del poeta, "el corazón es apenas una mala palabra". No se trata de ofrecer regalos cada segundo domingo de agosto, sino de implementar una acción eficiente y sostenida. Este "no es el Día del Niño" pero debiera serlo; este y cualquier día hasta el final de los tiempos. Y si llegara el glorioso momento en que todos los chicos del mundo tuvieran las prerrogativas que por su maravillosa condición merecen, a partir de ahí habría que mantener ese estado existencial, de manera que nunca resurgiera la pesadilla que hoy tantos niños padecen. Los problemas de la niñez desvalida (que no es solamente la que está en la calle) es prácticamente universal, pero nosotros mal podemos ocuparnos de ella si no somos capaces siquiera de resolver la situación de los chicos que pasan por nuestra puerta. Un carrito empujado por un pibe lleva siempre, además del emblema andante de la pobreza, la constancia de un futuro tan incierto como paupérrimo es su presente. Además de darle lo que podamos, pensemos en algo para mejorar su condición; al menos, exijamos imaginación en quienes tienen responsabilidades oficiales ineludibles. Si las asumen, dejaremos de ver esas crueles imágenes en las que los niños, según Tejada Gómez, nos golpean el pecho con un ala cansada. Entonces, el segundo domingo de agosto podremos celebrar con la conciencia tranquila el Día del Niño. Como cantaban los Quilla Huasi, "nos habremos honrado protegiendo lo que crece, y poniendo una estrella en el sitio del hambre" de cada chico que "a esta hora exactamente" anda por la calle. Así, cualquier día del mes que sea podremos decir, "hoy no es el Día del Niño", !pero lo es!

Edgardo Urraco