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"Homosexual o heterosexual suena arcaico"

Un torbellino de vértigo y delirio ataca a la sociedad actual. El ser, colmado de informaciones y tecnologías, tiene como única manera de sobrevivencia la oscilación: el individuo está condenado a...

Viernes 26 de Abril de 2013

Un torbellino de vértigo y delirio ataca a la sociedad actual. El ser, colmado de informaciones y tecnologías, tiene como única manera de sobrevivencia la oscilación: el individuo está condenado a no superar su propia confusión. Ese es el punto de partida de "Cock", una comedia atroz sobre las alternativas del amor que tiene a la mano un individuo ultramoderno y lo complicado de establecer relaciones e identidades. La obra escrita por el inglés Mike Barlett, dirigida por Daniel Veronese y protagonizada por Juan Gil Navarro, Eleonora Wexler, Jorge D'Elía y Diego Velázquez, llega a Rosario para despedirse de los escenarios luego de una exitosa temporada en Buenos Aires. Desde su estreno en el Royal Court Theatre de Londres en 2009, "Cock" ha sido una de las piezas más destacadas de los últimos años recibiendo el máximo premio del teatro inglés: el Oliver a la Mejor Obra del Año. Actualmente se encuentra en cartel en Broadway, previamente se ha montado con gran éxito en España, Bélgica y Malasia y en México fue recientemente protagonizada por Diego Luna. Antes de las funciones de hoy y mañana a las 21 en La Comedia (Mitre y cda. Ricardone), Juan Gil Navarro (quien hace el papel que en principio hacía Leonardo Sbaraglia) y Eleonora Wexler (ver recuadro), conversaron con Escenario acerca de cómo es protagonizar esta comedia ultramoderna.

—¿De qué trata la obra?

—Habla de los vínculos. Mi personaje, Juan, tiene una relación gay durante siete años, pero de repente conoce a una mujer en medio de una crisis y tiene que definirse entre esas dos partes. La obra plantea cuál es el conflicto que uno tiene cuando no entiende qué es lo que quiere y hasta dónde se es capaz de llegar. Porque en este proceso no se perjudica uno mismo, sino también a los otros. Y en el medio de todo esto, aparece en una escena un cuarto personaje, interpretado por Jorge D'Elía, que es el padre de mi novio, quien introduce una visión antigua y casi homofóbica.

 

—La obra plantea una situación impensada diez años atrás. En vez de tomar de punto de partida a un hombre casado con una mujer que se enamora de otro hombre, como quien sale del "closet", pasa lo contrario, un hombre gay se enamora de una mujer.

—Por un lado puede resultar anacrónica. Pero es moderna, sobre todo porque el autor la escribió hace tres años, cuando tenía 23 años y no existían estas definiciones de hombre-mujer. El amor de las personas es independiente del sexo. Homosexual, bisexual, heterosexual, son definiciones que quedan arcaicas para lo que realmente pasa con dos personas que se quieren.

—El mismo autor hace hincapié en que el eje de su drama no es la relación homosexual, sino el mundo contradictorio que acosa a Juan. ¿Cuál es el eje principal de la obra?

—Claro, una de las frases que más quiero de la obra es: "Esto no es lo que yo quiero, pero es lo más fácil". La obra apunta a pegarle un sacudón a la gente que viene a verla y a nosotros que la interpretamos, para ver por qué uno termina eligiendo lo más fácil aún cuando están incómodos. Y por qué uno no tiene la valentía de hurgar en los miedos y bancarse ese dolor para pasar a otra cosa. Pero evidentemente el miedo y la presión social son más fuertes. Tenemos una sociedad que todavía es muy careta. Somos modernos y tenemos el matrimonio igualitario pero después miramos de reojo si dos tipos se agarran de la mano.

—Hay una doble moral y un doble discurso presente continuamente en la sociedad.

—Si, yo creo que la gente tiene poco y mal sexo para andar metiéndose en la vida privada de los demás.

 

—Hacés de Juan en "Mi amor mi amor" y de Juan en el teatro, y en ambas historias estás entre dos personas... Sos un galán bígamo.

—Es una cosa rara, me tengo que sentar en mi terapia a ver... porque los dos personajes se llaman Juan como yo. Algo debo tener que definir y elegir. Pero en el caso de la tele, tiene que ver con algo en que no se llegó a profundizar. Tiene que ver con que una persona pueda querer a dos personas al mismo tiempo. En el caso de "Cock", no puede elegir. Lo bueno de mi trabajo es que permite que uno se haga preguntas. Creo que hay una sociedad preparada para permitir que la vida privada del otro no te perturbe. Pero está bueno que la gente se escandalice, porque es una manera de empezar el debate.

—"Cock" es teatro contemporáneo, fuerte y severo. ¿También hay grandes dosis de humor?

—Sí, eso lo aprendí mientras grabábamos "Graduados". El humor le baja la guardia a la gente y eso permite hablar de otras cosas.

 

—¿En qué formato te sentís más cómodo?

—Me siento cómodo cuando hay historia. Yo estuve en éxitos donde no la he pasado bien y en cosas que no han sido exitosas pero el grupo humano y el aprendizaje fueron geniales. Parece un cliché que todos los actores digan que prefieren el teatro, como afectados, como si en el teatro todo fuera puro y solemne. Ahora estoy abocándome a la escritura de guiones.

 

—¿Qué diferencias pensás que existieron a la hora de ver "Cock" en Londres, México y Argentina?

—Los ingleses están a años luz con respecto a lo social. Mi hermano vive en Londres y tengo la suerte de viajar seguido para allá. Y una mujer puede estar tomando un té en taza de porcelana al lado de un punk y ninguno de los dos se horroriza. En el caso de México y el nuestro, tenemos sociedades mucho más pacatas que se meten en la cama de los demás para ver si eso los hace buenas o malas personas, normales o anormales. Acá he visto tanto a gente mayor y joven sintiéndose incómoda con la obra. Es interesante que el público esté con un poco de temor sentado en la platea, si en definitiva lo que vienen a buscar es una emoción fuerte.

—¿Hay escenas subidas de tono?

—No, el único problema que puede haber es que cuando le tengo que dar un beso a Diego Velázquez, tenga la barba un poco crecida.

—¿Todo está aceptado y permitido cuando se trata de encontrar la propia identidad?

—Exactamente. Uno debería educar a sus hijos en esa valentía, independientemente de lo que elijan sexualmente. Las chicas se animan a experimentar, en cambio los varones creemos que hay cosas que nos pueden perjudicar la "hombría". Lo importante es ser una persona honesta.

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