Miércoles 30 de Noviembre de 2011
El negocio de la droga se ha extendido de tal manera que ha provocado una saturación de los territorios y se ha vuelto más difícil de controlar. Pero esa expansión tiene límites porque no hay clientes para todos y la capacidad territorial es limitada. Por eso se producen fricciones que se dirimen de manera violenta, armada, con homicidios. Las autoridades deben concientizarse del alto crecimiento de asesinatos registrados en Rosario en el último año, cifra que se elevó en un 40 por ciento. Claro que no es la única causa de la alta criminalidad. La presencia de chicos muy jóvenes, marginales, vulnerables, que tienen acceso a las armas y construyen sus identidades en torno a la pertenencia en determinados barrios o a bandas a través de la violencia, es otro de los orígenes del fenómeno. Así como hay un alto incremento (de homicidios) en relación a años anteriores, ha bajado la tasa de hechos cometidos en ocasión de robo. Si el año pasado ese rubro orillaba el 16 por ciento, hoy no supera el 10. Los que crecen son los asesinatos por enfrentamientos en los que aparecen, como víctimas o victimarios, personas ligadas a economías delictivas, principalmente al tema de las drogas; y por otro lado el de los pibes de entre 16 y 23 años que dirimen la construcción de sus identidades de manera violenta. Esos jóvenes pertenecientes a sectores populares donde la vulnerabilidad de la vida es máxima, si sobreviven, si no caen presos o son estigmatizados por su incursión en el sistema penitenciario, logran rescatarse, formar una familia y seguir la vida, lo que desmiente la idea de la carrera criminal. Esos chicos, de entre 16 y 23 años, son los nacidos en la década del 90, época de la Argentina del desempleo, la corrupción y el corrimiento del Estado. Son los jóvenes de una generación que nunca vio trabajar a sus padres y que son resultado de un fenómeno socioestructural cuyas consecuencias concretas estamos viendo ahora con curvas frustrantes que muestran inequidad social y delitos. Esos homicidios son difíciles de prevenir con las políticas de intervención tradicionales y a futuro, el Estado debe crecer cuantitativamente con intervenciones en los barrios para abordar a los jóvenes que ya participan de la economía delictiva buscando que construyan otros tipos de identidades, relaciones, vínculos y reconocimientos que compitan contra la violencia. Según fuentes oficiales, en lo que va de 2011 se cometieron en el departamento Rosario 140 homicidios, de los cuales sólo 1 de cada 14 fueron en ocasión de robo. Eso implica un gran aumento en relación a los registrados al 30 de septiembre del año pasado, cuando se totalizaban 86 casos en el ámbito de la Unidad Regional II de policía.
Maximiliano Reimondi,
DNI. 21.008.696