Martes 25 de Noviembre de 2008
He leído que en la ciudad de Buenos Aires tiene lugar un ciclo con proyecciones de espectáculos dirigidos por Angel Elizondo que, en su momento, fueron prohibidos por la dictadura militar. La primera proyección es un homenaje a Norberto Campos, primer alumno de la Escuela Argentina de Mimo, fundada por Elizondo, y al Grupo Lobo. Norberto perteneció a esa “familia teatral” creadora, en la década del sesenta, de una intensidad espacio-dinámica única lograda a través del estudio del “movimiento productivo” que solía anteponer el gesto a la palabra, en beneficio del malabarismo y la acrobacia circense, el salto del clown, el desequilibrio corporal como forma de explorar las posibilidades comunicativas del cuerpo. Sus obras cumbres fueron “Tiempo Lobo”, “Tiempo de fregar” y “Casa, una hora, un cuarto”, todas estrenadas en el escenario del Instituto Di Tella. En ellas se exaltaba la ceremonia sagrada, el ritual primitivo. Tuve el privilegio de ver en Rosario, en la sala de Arteón, la segunda de estas puestas. La historia de un grupo de fregonas que vivía en una casa vieja y eran sometidas por una patrona obsesionada por la limpieza. Había una adolescente zombie que tenía por parto natural a dos mellizos: unos personajes atados espalda contra espalda con unas vendas que chorreaban un líquido viscoso y a quienes las fregonas, como una corte de los milagros, les enseñaban todos los signos de la cultura. En un momento de la obra los actores se ponían a lustrar los zapatos y las carteras de los espectadores, después de cambiar a todos de lugar. La ceremonia terminaba con la aparición de la patrona que expulsaba al público. Puesta que, sin dudas, estuvo adelantada a su tiempo, con esa mezcla de signos teatrales que afectó de manera referencial a toda manifestación teatral de vanguardia que pude ver con posterioridad. Celebro este homenaje a Norberto y pido que alguna institución cultural gestione este ciclo para que podamos verlo en nuestra ciudad y para reiterar este merecido homenaje a Norberto.
Fernando Avendaño