Homenaje a la doctora Puccio
La muerte siempre nos sorprende, nunca estamos preparados para ella, aunque sabemos a ciencia cierta que es lo único seguro en nuestras vidas. Hoy quiero rendir mi homenaje a la doctora Liliana Puccio...

Lunes 18 de Octubre de 2010

La muerte siempre nos sorprende, nunca estamos preparados para ella, aunque sabemos a ciencia cierta que es lo único seguro en nuestras vidas. Hoy quiero rendir mi homenaje a la doctora Liliana Puccio, con la que compartí 13 años y una parte imborrable de mi vida. La huella que ha dejado en mí trabajar con ella todos esos años permanecerá por siempre, aún más allá de su muerte, que me sorprende y me deja sin palabras; empero, aun así haré el intento, porque sé que nada es en vano y que su ser está presente, como lo estuvo su vida. Esa vida tan llena de energía y de optimismo, de afán conciliador y superador de diferencias y que, sin embargo, el ámbito tribunalicio fue desgastando. Si bien es cierto que hubo satisfacciones, esas gratificaciones fueron nada comparadas con lo que la vida se cobró a cambio. Reza el adagio científico que la naturaleza no ama el vacío, todo lugar es ocupado prontamente por otro, pero este vacío es una clara excepción a la regla y quedará presente como ese “corazón con agujeritos” de Cris Morena, agujeritos imposibles de llenar, aún en contra de la misma ley. Me llevo su figura transgresora y generosa a la vez, y la riqueza de tantos momentos vividos juntas, en las buenas y en las malas, en el odio y en la amistad. Quizás nadie la comprendiera como yo, el destino unió nuestros caminos de manera inexplicable y nos deja el interrogante abierto. La respuesta sé que está en camino y la debatiremos en nuestro próximo encuentro y en la soledad del alma. Hasta que nos volvamos a encontrar, doctora Liliana Puccio.


Marta Daney