"Hombres necios..."
No quiero ser imparcial (¿quién lo es?). Soy un varón pro-feminista. Me sublevan las injusticias, en este caso en contra de las mujeres. Por eso empiezo con la cita de Sor Juana Inés de la Cruz. Imaginémosla en la capital del México colonial, vecina del edificio de la Inquisición (hoy puede visitarse en el Distrito Federal, aunque destinado a otros fines), que se hizo monja porque...

Lunes 08 de Marzo de 2010

No quiero ser imparcial (¿quién lo es?). Soy un varón pro-feminista. Me sublevan las injusticias, en este caso en contra de las mujeres. Por eso empiezo con la cita de Sor Juana Inés de la Cruz. Imaginémosla en la capital del México colonial, vecina del edificio de la Inquisición (hoy puede visitarse en el Distrito Federal, aunque destinado a otros fines), que se hizo monja porque dentro de los claustros podía pensar y estudiar, cosa que no estaba bien vista en la generalidad de las mujeres de su época. (De paso, vale la pena ver la película "Yo, la peor de todas", dirigida por la cineasta argentina María Luisa Bemberg). Según el famoso poema de Sor Juana, que ha sido levantado como bandera feminista a través de siglos, los varones somos la ocasión de lo mismo que culpamos; o sea, lo que para la ortodoxia católica es el pecado sexual de las mujeres. El sentido común señalaba hace tantísimo tiempo (¡y en el seno de un claustro monacal) que la demanda masculina es un desencadenante básico del acceso carnal. Esto se destaca en el presente para desenmascarar el mecanismo de la prostitución, ya que de manera hipócrita se culpabiliza y se castiga a las trabajadoras del sexo, pretendiendo olvidar el papel central de los proxenetas. ¡Y de los usuarios!, categoría (real o virtual) dentro de la que caemos la gran mayoría de los hombres. Son incontables los varones que piensan "Las mujeres son todas unas prostitutas", insulto prejuicioso que trata de esconder la práctica varonil tan común de presionar a las mujeres para que cedan –por voluntad o a la fuerza– a una relación sexual. ¿Alguien puede decir que desconoce los casos de novios que piden la "prueba de amor" a sus novias, para después dejarlas por "livianas y fáciles"? ¿O los de aquellos irresponsables que se resisten al uso del preservativo pero se permiten sospechar y criticar a sus compañeras como "promiscuas" si son ellas las que lo buscan en su bolso para protección de ambos? El doble código de los valores tradicionales vigentes no basta para tapar el cinismo de muchas de nuestras posturas varoniles. Las violaciones, por ejemplo, no deberían ser justificadas en ningún caso. "Cuando una mujer dice no, es no", aunque ya estemos en la cama.

Héctor Bonaparte,

DNI 6.205.548